La ciudad santafesina de San Cristóbal se encuentra bajo un clima de conmoción y dolor tras un brutal ataque ocurrido este lunes en la Escuela Normal Mariano Moreno. Un alumno de 15 años ingresó al establecimiento con una escopeta oculta y abrió fuego contra sus pares, provocando la muerte de Ian Cabrera, un adolescente de apenas 13 años, y dejando un saldo de ocho heridos que fueron trasladados de urgencia a centros asistenciales.
El horror en el baño y el grito de "sorpresa"
De acuerdo con los testimonios de los estudiantes que presenciaron el hecho, el agresor llegó a la institución portando el arma —una escopeta calibre 12/70 que pertenecería a su abuelo— escondida dentro de una funda de guitarra. El ataque se inició en la planta alta, específicamente en la zona de los baños, donde el tirador se cruzó con la víctima fatal.
Según relató Axel, uno de los compañeros que logró refugiarse, el atacante irrumpió en el hall tras el primer disparo y, antes de continuar con la ráfaga, gritó la palabra “sorpresa”. La situación generó escenas de pánico absoluto, con alumnos saltando por las ventanas y rompiendo vidrios en un intento desesperado por escapar del patio interno donde se efectuaron las detonaciones.
Una amenaza previa que no fue escuchada
A medida que avanza la investigación, surgen detalles escalofriantes sobre el comportamiento previo del agresor. Juan, padre de una alumna que presenció el ataque desde la primera fila, reveló que el joven ya había dado señales de alerta durante la semana anterior. “La semana pasada dijo que iban a morir todos. Según uno de los compañeritos de mi hija, lo escuchó decir eso durante una clase”, afirmó el hombre, señalando que la advertencia no fue tomada en serio por las autoridades.
A pesar de estas amenazas, docentes y allegados describieron al atacante como un chico que, en la superficie, se mostraba amable y participaba de actividades deportivas como el básquet. Sin embargo, fuentes cercanas a la investigación mencionaron un contexto familiar complejo, marcado por problemas de adicciones y episodios de violencia que habrían influido en su salud mental.
Estado de shock y el pedido de justicia
Tras los disparos, el preceptor y un asistente escolar lograron reducir al adolescente hasta que llegó la policía. Carolina Morel, docente de la institución, describió el estado del agresor minutos después de la tragedia: “Estaba abstraído, en estado de shock, desarmado y sentado. No puedo decir si comprendía lo que había sucedido”. El dermotest realizado al menor dio positivo en ambas manos, confirmando que él fue quien accionó el arma.
La víctima fatal, Ian Cabrera, era alumno de primer año y un miembro activo de la comunidad local. Su fallecimiento generó un profundo vacío en el club donde practicaba deportes y en su familia; su madre es maestra jardinera y su padre empleado municipal. Mientras la Justicia de Menores interviene en el caso, la comunidad de San Cristóbal exige respuestas ante un sistema de alerta que falló y una violencia escolar que, según denuncian los vecinos, venía escalando en la región.


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