Fuga de cerebros en Rosario: el Conicet pierde dos agentes por mes ante la crisis salarial

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El sistema científico rosarino atraviesa una etapa crítica marcada por una sostenida pérdida de capital humano, con un promedio de dos bajas mensuales en lo que va de 2026, impulsadas principalmente por el desfinanciamiento y el deterioro salarial que empuja a investigadores y becarios hacia el sector privado o el exterior.

El impacto de la crisis en los institutos locales

La situación en el Centro Científico Tecnológico (CCT) de Rosario, ubicado en Ocampo y Esmeralda, refleja un proceso de erosión que se intensificó en los últimos tres años. Solo en los primeros cinco meses de 2026, el organismo sufrió la salida de doce integrantes de su staff: seis investigadores, dos empleados de apoyo, dos becarios y dos trabajadores administrativos y de mantenimiento.

Guillermo Labadié, director del Conicet Rosario, describió el fenómeno con una metáfora sobre el tiempo necesario para la formación de recursos humanos. "Formar un investigador es similar a plantar un árbol. La carrera científica demanda décadas, lo mismo que tener árboles que den sombra. Ahora estamos atravesando un gran incendio: se te queman los ejemplares que tenías crecidos y no estamos sumando nuevos", advirtió el directivo ante la magnitud de la pérdida.

Para la comunidad científica local, la sangría de personal representa un golpe directo a la operatividad de los trece institutos de investigación que funcionan en la ciudad, donde trabajan cerca de 800 personas. El impacto no es solo estadístico; según las autoridades, el equivalente a las bajas registradas en los últimos dos años representaría, en términos de fuerza laboral, el cierre físico de varios centros de estudio.

Un proceso de desvinculación constante

El declive en la dotación de personal no es un hecho aislado, sino la continuidad de una tendencia que se consolidó en los últimos dos ejercicios. Durante 2024, el Conicet Rosario perdió a 33 integrantes, entre ellos 15 investigadores de planta. Al año siguiente, en 2025, la cifra fue de 34 personas, con un componente más marcado de becarios (21) y 7 investigadores.

Al sumar los datos de 2024, 2025 y los cinco meses transcurridos de 2026, el balance arroja un total de 78 bajas definitivas. El análisis de las desvinculaciones revela que casi el 70 % de los agentes tomó la decisión de renunciar a sus cargos, dejando atrás años de formación en el sistema público. La causa principal, según fuentes internas, es la combinación de salarios que han perdido poder adquisitivo frente a la inflación y la falta de presupuesto para sostener los proyectos de investigación.

La migración hacia el sector privado

El desfinanciamiento de las líneas de investigación ha generado un cuello de botella que obliga a muchos científicos a buscar alternativas laborales fuera del ámbito estatal. Las opciones más frecuentes, de acuerdo con los registros del CCT, son la migración hacia empresas privadas del sector tecnológico o biotecnológico, y la salida definitiva del país para continuar las carreras científicas en el extranjero.

"Es un número importante. Nuestros institutos de investigación tienen alrededor de entre 15 y 20 científicos, así que es como haber cerrado un par de institutos", sentenció Labadié. Esta pérdida de profesionales formados en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y en otros centros de excelencia no solo implica la pérdida de capital intelectual, sino que también debilita la capacidad de transferencia tecnológica del CCT hacia el tejido productivo regional.

El futuro del sistema científico

La preocupación en el ámbito científico santafesino excede la coyuntura salarial. La interrupción en la incorporación de nuevos investigadores y la fuga de quienes ya estaban consolidados pone en riesgo el recambio generacional. En el esquema del Conicet, la estructura jerárquica depende de la formación constante de becarios que luego acceden a la carrera de investigador. Si el primer eslabón se rompe o se traslada al sector privado por mejores condiciones, el sistema pierde su capacidad de reproducción a largo plazo.

Mientras tanto, el desguace silencioso continúa en los pasillos de los institutos, donde el pesimismo sobre la recomposición presupuestaria se traduce en nuevos pedidos de renuncia. La pregunta que sobrevuela el CCT Rosario es cuánto tiempo podrá resistir la infraestructura de investigación local antes de que la falta de investigadores clave impacte irreversiblemente en la calidad y cantidad de los desarrollos científicos argentinos.

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