
Miles de personas se movilizaron por el centro de la capital uruguaya para exigir respuestas sobre los crímenes de la última dictadura militar, en una convocatoria marcada por la actualización del registro de víctimas de la represión coordinada en la región.
La actualización del registro oficial de víctimas
La tradicional movilización en Montevideo sumó este año una fuerte carga simbólica tras confirmarse la inclusión de ocho nuevos casos en la nómina oficial de personas detenidas y desaparecidas por motivos políticos. Con esta actualización, la lista bajo análisis de la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) se elevó a 205 víctimas documentadas, superando el registro histórico de 197 casos que se mantenía vigente hasta hace apenas una semana.
El equipo de investigación a cargo del entrecruzamiento de datos precisó que, de las ocho incorporaciones recientes, tres corresponden a casos activos de búsqueda obligatoria, mientras que los cinco restantes pertenecen a episodios que ya fueron aclarados en el plano judicial o biográfico pero que no habían sido integrados formalmente a la nómina de la institución. La medida renovó el reclamo de los familiares, quienes exigen la apertura total de los archivos militares y estatales.
El impacto regional del Plan Cóndor
La columna de manifestantes avanzó de forma pacífica y en un estricto silencio a lo largo de la tradicional Avenida 18 de Julio. La fisonomía de la marcha estuvo definida por miles de carteles que exhibían los rostros y los nombres de las víctimas, sostenidos tanto por quienes caminaban sobre la calzada como por los ciudadanos que acompañaron el reclamo desde las veredas céntricas.
"Contra la impunidad de ayer y hoy exigimos respuestas"
Esta consigna central, plasmada en la bandera que encabezaba la movilización, resumió el eje de los reclamos dirigidos a las autoridades actuales y al sistema de justicia. La gran mayoría de las desapariciones forzadas en Uruguay se ejecutaron bajo la órbita de la Operación Cóndor, el sistema de cooperación represiva e intercambio de prisioneros establecido entre las dictaduras del Cono Sur con el respaldo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos.
Un aniversario marcado por documentos desclasificados
La convocatoria de este año coincidió de manera directa con el 50 aniversario de los asesinatos de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, quienes fueron secuestrados y ejecutados en Buenos Aires en mayo de 1976. Junto a ellos fueron hallados los cuerpos de los militantes políticos Rosario Barredo y William Whitelaw, en un caso emblemático de la persecución transfronteriza de la época.
El recuerdo de estos crímenes sumó rigor histórico a partir de la difusión de documentos desclasificados del Ministerio de Relaciones Exteriores y de agencias gubernamentales norteamericanas como la CIA y el FBI. Estos archivos permitieron ratificar de forma documental que los homicidios formaron parte de un operativo coordinado del Plan Cóndor, ejecutado materialmente por las fuerzas de seguridad argentinas con el monitoreo y aval de los mandos militares uruguayos de ese período.
El reclamo contra la impunidad institucional
La vigencia del reclamo por la verdad y la justicia volvió a exponer las tensiones latentes respecto al rol del Estado en la preservación de la memoria histórica. Dirigentes políticos y referentes de organizaciones sociales coincidieron en que el paso del tiempo no diluye la responsabilidad institucional de esclarecer el destino de los ciudadanos uruguayos cuyo paradero aún se desconoce.
"El mayor homenaje es la libertad y la lucha contra la impunidad. El legado es la defensa de los derechos humanos. No puede haber seres humanos que castiguen, maltraten, hagan tormentos, hagan desaparecer, apresen, maten a otros seres humanos por política, por idea"
La declaración del senador Rafael Michelini, hijo del legislador y periodista asesinado en Buenos Aires, sintetizó el posicionamiento de los familiares de las víctimas frente a los intentos de relativizar el alcance de la represión ilegal. Las agrupaciones convocantes advirtieron que la falta de avances significativos en la localización de los restos óseos en los predios militares de Uruguay constituye una deuda democrática persistente que afecta la calidad institucional del país.

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