El endeudamiento externo de las grandes empresas locales trepó con fuerza por el atraso cambiario y el blanqueo, concentrado en el sector energético y con destino financiero.
El ciclo económico implementado por la administración de Javier Milei reactivó una dinámica histórica dentro de los procesos de desregulación en la Argentina: el marcado endeudamiento en moneda extranjera por parte de las grandes corporaciones locales. Las condiciones financieras vigentes en los últimos dos años abrieron una ventana de liquidez que los principales grupos económicos no dejaron pasar, consolidando un proceso que genera advertencias entre los analistas por el impacto que podría tener en el mediano plazo sobre las reservas internacionales y la estabilidad cambiaria.
De acuerdo con un exhaustivo informe elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp), el stock de endeudamiento financiero externo corporativo registró un incremento de aproximadamente u$s 10.000 millones en el período comprendido entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025. El estudio, confeccionado por los economistas Gustavo García Zanotti y Martín Schorr, analiza en detalle cómo un núcleo muy concentrado de firmas privadas aceleró la toma de pasivos en el exterior aprovechando un escenario de marcada apreciación del peso y facilidades regulatorias.
El rol de las Obligaciones Negociables y los sectores clave
El engranaje principal que sostuvo este nuevo ciclo de endeudamiento privado fue la emisión de Obligaciones Negociables (ON) en dólares, complementado por líneas de crédito bancarias y préstamos intrafirma. Los datos relevados por los investigadores reflejan que, entre enero de 2024 y marzo de 2026, las empresas operantes en el país colocaron títulos en el mercado de capitales por una cifra cercana a los u$s 29.000 millones.
Este fenómeno financiero no se distribuyó de manera homogénea en el entramado productivo, sino que evidenció una altísima concentración sectorial. La explotación de recursos naturales y los servicios regulados acapararon la mayor parte de las colocaciones. El sector de petróleo y gas lideró de forma indiscutida el proceso, explicando casi el 80% del crecimiento neto de la deuda externa corporativa total.
Hacia finales de 2025, el mapa del pasivo privado extranjero quedó consolidado con el sector de hidrocarburos reteniendo el 54% del stock total. Por detrás se ubicaron la industria manufacturera con el 15%, los servicios de energía eléctrica con el 11%, las telecomunicaciones con un 11% y la actividad minera con el 9% restante.
Concentración empresarial y destino de los fondos en divisas
La concentración no solo fue sectorial, sino también de firmas. El informe detalla que apenas diez grandes compañías explicaron dos tercios de la totalidad de las Obligaciones Negociables emitidas durante el período analizado. La petrolera bajo control estatal YPF encabezó el listado con el 17% del volumen general, seguida por la telefónica Telecom con el 9%. Más atrás se posicionaron Pampa Energía (7%), Vista (7%), Pluspetrol (5%), Tecpetrol (5%), Pan American Energy (5%) y la entidad financiera Banco Galicia (4%).
A diferencia de otros períodos de expansión crediticia, el relevamiento de García Zanotti y Schorr enciende alarmas respecto al destino final que los directorios corporativos le dieron a estos fondos frescos en moneda dura. El documento destaca que, "lejos de orientarse mayoritariamente a ampliar la capacidad productiva, buena parte de esos recursos se destinó a la valorización financiera, la compra de activos existentes y la reestructuración de pasi
La macroeconomía local ofreció incentivos muy claros para este tipo de movimientos. Un esquema de dólar apreciado abarató el costo de tomar pasivos en moneda extranjera en comparación con las tasas vigentes para el financiamiento en pesos. A esto se sumó el ingreso masivo de divisas al circuito bancario local derivado del blanqueo de capitales y la elevada liquidez general que mostraron los bancos comerciales, facilitando la suscripción de los nuevos títulos privados.
Rentabilidad en alza y bajo derrame en la inversión real
Durante el lapso en que las empresas aumentaron su apalancamiento externo, sus balances contables mostraron una notable mejora. Las ganancias operativas del universo de firmas analizadas se duplicaron entre 2023 y 2025, mientras que la tasa de rentabilidad promedio saltó de un 9,6% a superar el 16%. Este repunte estuvo fuertemente correlacionado con los efectos de la devaluación inicial del tipo de cambio oficial, la quita de subsidios con la consecuente suba de tarifas, la desregulación sectorial y los beneficios impositivos otorgados mediante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi).
Sin embargo, los economistas del Ipypp advierten que este salto en los beneficios y el endeudamiento no se tradujo en una expansión generalizada de la infraestructura o la creación de empleo. La inversión productiva genuina avanzó a un ritmo modesto y sumamente acotado a nichos específicos. En rigor, gran parte del incremento de los desembolsos informados por las compañías respondió a la adquisición de activos ya construidos, tales como la compra de áreas petroleras maduras o fusiones y adquisiciones corporativas.
Paralelamente, las empresas incrementaron fuertemente sus posiciones en activos financieros líquidos, los cuales pasaron de u$s 5.400 millones en 2023 a u$s 7.700 millones en el cierre de 2025. El estudio expone como caso testigo a la firma Transportadora de Gas del Sur (TGS), cuyos activos de carácter financiero treparon por encima de los u$s 1.000 millones, llegando a representar más del 33% del total de los bienes de la compañía.
El impacto a futuro sobre el mercado de cambios
La mayor preocupación que plantea la investigación reside en la carga financiera que este stock de deuda privada proyecta para el mediano plazo sobre la balanza de pagos de la economía argentina. Las proyecciones indican compromisos de pago muy exigentes para los próximos ejercicios: tan solo el grupo de empresas líderes analizadas enfrenta vencimientos de capital e intereses por cerca de u$s 5.000 millones a lo largo de 2026, y más de u$s 24.000 millones distribuidos en los años subsiguientes.
Los autores concluyen que el modelo económico actual promueve un patrón de vulnerabilidad externa de raíz histórica. Al utilizarse el endeudamiento corporativo como herramienta de valorización financiera antes que como dinamizador del desarrollo industrial, se prefiguran futuras presiones sobre el mercado de divisas. En un contexto nacional marcado históricamente por la restricción externa y la escasez de reservas en el Banco Central, la salida futura de dólares para cancelar estos pasivos corporativos asoma como un factor de tensión directa sobre la estabilidad cambiaria y macroeconómica del país.


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