La emblemática firma de calzado juvenil finalizó su etapa de fabricación nacional tras 40 años y despidió a la mayor parte de su personal para volcarse a un modelo de importación directa desde China.
La crisis industrial y el cambio en las reglas de juego del comercio exterior marcaron el final de una era para John Foos. La empresa, que alcanzó la cima de su popularidad en la década de 2000 como calzado insignia de la tira televisiva Floricienta, confirmó el cierre definitivo de su histórica planta de producción ubicada en la localidad bonaerense de Beccar.
El fin de la fabricación nacional y el giro hacia China
Tras cuatro décadas de manufactura local, la compañía decidió modificar drásticamente su modelo de negocios. El esquema de ensamblaje de piezas importadas, que la firma venía aplicando de forma gradual, terminó de consolidarse con la decisión de traer el producto completamente terminado desde el exterior.
Durante su etapa de mayor esplendor, la planta de Beccar operaba a niveles récord, con una producción diaria de miles de pares que abastecían a más de 1.000 puntos de venta en todo el país. La transición al modelo importador implica que las zapatillas que antes se cosían y pegaban en la provincia de Buenos Aires ahora llegarán directamente desde terminales asiáticas.
Despidos y conflicto por las indemnizaciones
El impacto social de la medida se refleja en la drástica reducción de la nómina salarial. En apenas dos años, la estructura de personal de la empresa sufrió un recorte profundo: de los 400 empleados registrados en 2023, actualmente solo permanecen 50 trabajadores en áreas que no están vinculadas a la producción directa.
La situación derivó en un conflicto laboral debido a las condiciones de las desvinculaciones. Los operarios afectados denunciaron que la dirección de la compañía no está cumpliendo con los montos indemnizatorios correspondientes por ley.
"La empresa ofrece acuerdos de desvinculación con pagos en cuotas que cubren apenas entre el 60% y el 70% de lo que dicta la normativa vigente".
Un ícono juvenil golpeado por la coyuntura
La marca no solo representa un activo industrial, sino un símbolo cultural de la Argentina de la post-convertibilidad. Su asociación estratégica con productos de entretenimiento masivo la posicionó como líder en el segmento adolescente, un lugar que intentó sostener a pesar de las recurrentes crisis del sector textil y del calzado.
Este cierre se suma a la lista de establecimientos fabriles que, ante la apertura de importaciones y la caída del consumo interno, optan por desmantelar sus estructuras productivas para transformarse en comercializadoras de productos extranjeros.

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