El costo de vida en la Argentina inició el 2026 con una marcada presión sobre los ingresos de los hogares. Según informó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.360.299 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y no caer bajo la línea de pobreza.
La suba de los alimentos impulsa la indigencia
La dinámica de precios de enero mostró una brecha preocupante entre el costo de vida general y el acceso a los alimentos. La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina la línea de indigencia, sufrió un incremento del 5,8%, superando ampliamente al 3,9% que registró la canasta de pobreza.
Para un adulto solo, el umbral de indigencia se ubicó en $201.938, mientras que para no ser pobre requirió $440.226. Este desfasaje refleja que la inflación golpeó con mayor intensidad en los productos de primera necesidad, los cuales registraron una variación interanual del 37,6%.
"La diferencia entre ambas canastas refleja el peso que siguen teniendo los alimentos en la estructura de gastos", señala el informe técnico. El dato coincide con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero, donde el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas fue el que más subió, con un 4,7%.
El costo de vida según la composición del hogar
El impacto de la inflación se amplifica según la cantidad de miembros y las edades de cada grupo familiar. La metodología del Indec utiliza la unidad de "adulto equivalente" para determinar las necesidades energéticas y de servicios de cada hogar.
Tres integrantes: Un hogar compuesto por una mujer de 35 años, su hijo de 18 y su madre de 61 necesitó $1.082.956 para no ser pobre.
Cinco integrantes: Una familia con tres hijos pequeños requirió ingresos por $1.430.735 para cubrir la totalidad de sus necesidades básicas. En este caso, solo para alimentarse, el grupo necesitó $656.301.
Un escenario complejo para el consumo
El salto del 5,8% en la canasta alimentaria representa el mayor incremento mensual desde marzo del año pasado. Este fenómeno ocurre en un contexto de transición institucional en el organismo de estadísticas tras la salida de su anterior director, en un marco donde el IPC general de enero fue del 2,9%.
El encarecimiento de la comida tiene un efecto directo y regresivo sobre los sectores más vulnerables, que destinan la mayor parte de sus recursos a la subsistencia diaria. Con estos valores, el riesgo de que más hogares caigan en la indigencia se acrecienta, especialmente en aquellos con niños y adolescentes a cargo.

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