Una investigación periodística de la BBC dejó al descubierto una organización internacional de hombres que se dedica a filmar a mujeres durante sus salidas nocturnas sin su consentimiento. El material, obtenido mediante cámaras ocultas en zonas de bares y discotecas, es luego distribuido y monetizado en plataformas como YouTube, TikTok, Facebook e Instagram.
Una industria millonaria basada en el acoso digital
La red opera bajo una fachada de contenido de "estilo de vida" o "recorridos nocturnos" por grandes ciudades. Sin embargo, el enfoque de las cámaras se centra exclusivamente en mujeres jóvenes, utilizando ángulos bajos o tomas traseras para capturar partes íntimas del cuerpo. Según los datos relevados, se identificaron más de 65 canales que acumulan 3.000 millones de visualizaciones en los últimos tres años.
Expertos en economía digital advierten que esta actividad genera ingresos multimillonarios. Un solo video que alcanza el millón de reproducciones puede representar miles de dólares en publicidad. "Muchos de estos operadores registran su actividad como empresas de marketing o agencias de influencers para blanquear el origen de sus fondos", señala el informe sobre uno de los principales responsables, Florjan Reka.
El impacto psicológico y la zona gris de la ley
El equipo de investigación localizó a 50 víctimas, quienes manifestaron sentir humillación y miedo tras descubrirse en internet. Una joven de 21 años relató que, tras verse grabada desde un ángulo invasivo, dejó de sentirse segura al salir de su casa. El acoso no termina en la filmación: los videos suelen estar acompañados de miles de comentarios misóginos y denigrantes que perpetúan la violencia digital.
A pesar de la gravedad del hecho, la justicia enfrenta obstáculos significativos. En muchos países, filmar en la vía pública no constituye un delito per se, lo que sitúa a esta práctica en una "zona gris". "El vacío legal permite que estos individuos viajen entre países como Noruega, Estados Unidos y Tailandia para seguir produciendo material sin consecuencias penales claras", explican los especialistas.
La respuesta de las plataformas y el pedido de justicia
Tras la difusión del caso, las gigantes tecnológicas comenzaron a reaccionar. YouTube desactivó cuentas de alto perfil y TikTok eliminó varios canales vinculados a la red. Por su parte, Meta informó que retiró material de Facebook e Instagram que infringía sus políticas de seguridad, aunque gran parte del contenido continúa circulando en sitios espejo.
La policía de Manchester confirmó el arresto de un hombre vinculado a estas prácticas durante 2024, pero admitió que las limitaciones legales actuales dificultan el avance de las causas por voyeurismo. Para las víctimas, el daño ya es permanente: "Aunque borren el video, saber que esas imágenes circularon por todo el mundo nos genera una paranoia constante", sentenció una de las afectadas.


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