
La combinación de una nueva ola polar, demoras en gasoductos troncales y el encarecimiento del combustible importado tensionan el sistema productivo nacional.
El sistema energético argentino ingresó en una fase crítica ante la llegada de una masa de aire polar que expone, una vez más, las severas limitaciones estructurales de la red de transporte de hidrocarburos. A pesar del crecimiento sostenido en la extracción de fluidos no convencionales en la cuenca neuquina, las principales distribuidoras del país comenzaron a formalizar las notificaciones de restricción de suministro. La medida afectará de manera directa a las industrias operan con contratos de tipo interrumpible y a las estaciones de servicio de Gas Natural Comprimido (GNC) en las provincias de mayor densidad demográfica.
La parálisis en la finalización de las grandes obras de infraestructura troncal impide que el incremento de la producción en boca de pozo se traduzca en una mayor disponibilidad para los centros de consumo urbano e industrial. Mientras el abastecimiento para los usuarios residenciales se encuentra plenamente garantizado por el marco normativo vigente, el sector productivo deberá administrar un escenario de escasez relativa que, según los analistas energéticos, se extenderá como mínimo hasta mediados de agosto, cuando la demanda estacional comience su curva de descenso.
Un cuello de botella en los gasoductos troncales
Detrás de las restricciones vigentes subyace una paradoja estructural: el país cuenta con reservas probadas capaces de abastecer la demanda interna y generar saldos exportables, pero carece de los ductos necesarios para canalizar el fluido. El director de la consultora especializada Eiys SA, Alberto Rosandi, advirtió que el panorama para este período invernal presenta complejidades superiores a las de años anteriores debido a la confluencia de factores climáticos y técnicos. Las distribuidoras ya pautaron esquemas de corte que oscilarán entre los 20 y los 28 días de afectación para determinados clientes industriales, con especial impacto en el sur del país y en la región de la zona centro.
La problemática se agudiza por la implementación del denominado "mix intercuenca", un nuevo esquema operativo que reorganiza los flujos de transporte desde que se interrumpió de forma definitiva la importación histórica de gas desde Bolivia. Actualmente, el abastecimiento nacional depende casi en su totalidad del yacimiento de Vaca Muerta. Si bien este rediseño apunta a mejorar la eficiencia de costos a largo plazo, la postergación en la terminación de las plantas compresoras y los tramos complementarios de los gasoductos troncales interrumpe el flujo óptimo hacia las redes de distribución provincial.
El impacto económico de la importación por barco
La incapacidad de transportar el gas local obliga al Estado nacional a activar mecanismos de emergencia para cubrir los picos de consumo mediante la importación de Gas Natural Licuado (GNL) a través de terminales marítimas. Esta operatoria introduce una distorsión macroeconómica severa por la brecha de precios existente en el mercado internacional. Mientras que el gas extraído en territorio nacional promedia un costo de 3 dólares por millón de BTU, el combustible importado por barco supera los 10 dólares para la misma unidad de medida, un sobrecosto que impacta de forma directa en las finanzas públicas y en los costos de producción industrial.
Este encarecimiento del insumo energético base genera un efecto contagio sobre la matriz de generación eléctrica nacional. Ante la falta de gas natural en las centrales térmicas, el Mercado Eléctrico Mayorista debió reformular sus proyecciones de costos de producción. La Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) debió corregir al alza el valor estimado por megavatio hora, que pasó de una previsión inicial situada entre los 83 y 90 dólares a un costo real que actualmente se ubica en torno a los 150 dólares, presionando las partidas de subsidios estatales.
La situación particular de la provincia de Santa Fe
En el territorio santafesino, las firmas Litoral Gas y Enerfé sostienen la ejecución de proyectos orientados a expandir la capilaridad de las redes de distribución local y conectar a nuevos usuarios al servicio de red. Sin embargo, los especialistas del sector coinciden en que los esfuerzos de inversión local resultan insuficientes si el sistema general permanece saturado en sus etapas previas de transporte masivo. Las industrias radicadas en los cordones fabriles del Gran Rosario y el Gran Santa Fe ya diagraman esquemas de contingencia para evitar la paralización total de sus líneas de montaje utilizando combustibles alternativos más costosos.
La resolución de este déficit estructural de infraestructura a mediano plazo mostró un leve avance técnico a principios de junio, cuando se procedió a la apertura de ofertas para una nueva licitación destinada a ampliar la capacidad de transporte en el sistema administrado por Transportadora de Gas del Sur (TGS). La convocatoria oficial registró un interés por parte del sector privado que superó ampliamente el cupo disponible de siete millones de metros cúbicos diarios. Esto confirma la urgencia del sector privado por asegurar el tendido de tuberías que elimine las restricciones antes del próximo ciclo invernal.
De acuerdo con información difundida por: La Capital

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