Una violenta espiral de conflictividad social tiene en vilo al gobierno de Rodrigo Paz, con casi 70 cortes de rutas y desabastecimiento generalizado. Las organizaciones sindicales radicalizaron su postura en los últimos días y exigen la renuncia del mandatario, en medio de denuncias por infiltración de grupos armados.
El origen del conflicto y el descontento económico
La crisis comenzó tras un paro por tiempo indefinido impulsado por la Central Obrera Boliviana (COB) y diversas organizaciones campesinas.
A este escenario se suma el malestar social acumulado por una severa crisis económica, considerada la más grave en cuatro décadas para el país andino.
Bloqueos carreteros y parálisis en La Paz
El epicentro de las protestas se localiza en los alrededores de la sede de gobierno, con una fuerte concentración de manifestantes provenientes de El Alto y las zonas del altiplano.
Los efectos en la vida cotidiana son dramáticos para los habitantes de las regiones afectadas. Los mercados locales muestran desabastecimiento de alimentos de primera necesidad y los precios se dispararon en pocos días. Paralelamente, las autoridades educativas ordenaron la suspensión de las clases escolares por 48 horas como medida de seguridad ante el temor de nuevos enfrentamientos callejeros cerca de los puntos de bloqueo.
Impacto sanitario y el avance de fuerzas federales
La situación en el sistema de salud es crítica y ya reportó consecuencias fatales directas por la persistencia de las protestas. El bloqueo de rutas impidió el libre tránsito de camiones cisterna que transportaban oxígeno medicinal y medicamentos esenciales para los centros de salud. El Poder Ejecutivo confirmó oficialmente el deceso de cuatro personas que perdieron la vida al no poder recibir asistencia médica a tiempo por quedar varadas en los caminos.
"Estamos abriendo un corredor humanitario", declaró el comandante de la Policía, Mirko Sokol, tras ordenar el despliegue coordinado de más de 3.500 efectivos policiales y militares.
Acusaciones de desestabilización política
El gobierno de Rodrigo Paz denunció de manera formal la existencia de un plan de desestabilización en marcha e identificó a grupos originarios como los Ponchos Rojos entre los sectores más intransigentes.
"Parece que Paz quiere una democracia de los obedientes, y cuanta más fuerza necesita, más evidente se hace su temor a la voluntad popular", sentenció el expresidente Evo Morales, cuya figura sobrevuela el armado de las movilizaciones de la COB.

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