
El gobernador santafesino visitó el departamento San Cristóbal para ratificar su alianza política con el senador tras semanas de tensiones en la coalición Unidos.
La política santafesina vivió en las últimas horas un episodio de reordenamiento interno que marca la pauta de la gestión actual. El gobernador Maximiliano Pullaro encabezó un acto en el departamento San Cristóbal que, más allá de la entrega de recursos para infraestructura comunal, funcionó como una validación pública de la figura de Felipe Michlig. El senador radical, pieza clave en la arquitectura electoral que llevó a Pullaro a la Casa Gris, venía de atravesar semanas de cortocircuitos con otros sectores del gabinete y declaraciones que habían generado incomodidad en el seno de Unidos para Cambiar Santa Fe.
El mensaje político detrás del abrazo
El gesto no fue sutil. A través de un video difundido en redes sociales, Pullaro se mostró junto al senador y presidente de la UCR provincial bajo una definición de fuerte impacto jerárquico: "Es mi amigo y jefe". Esta frase no es azarosa en el código político santafesino; representa un blindaje explícito para Michlig en un momento donde su liderazgo había sido cuestionado internamente.
La presencia del mandatario en el territorio de Michlig tuvo como excusa institucional la llegada de fondos provinciales para la construcción de natatorios comunales. Sin embargo, en los pasillos de la política se leyó como un "mimo" —según definieron fuentes del propio frente oficialista— necesario para calmar las aguas tras un período de fricciones. El gobernador, en su rol de conductor, entiende que para avanzar con su agenda de reformas y sus eventuales planes de reelección, la cohesión de la tropa propia es un requisito ineludible.
Conflictos en el Senado y el debate por las alianzas
El trasfondo de este respaldo se remonta a los recientes cruces que protagonizó Michlig. El senador, haciendo valer su peso como el segundo legislador con más años en la Cámara Alta y armador del frente, había elevado un pedido de informes crítico hacia el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico. El reclamo giraba en torno a supuestas arbitrariedades en el reparto de obras públicas, lo que marcó la primera fisura pública de alta intensidad dentro de Unidos.
Esta tensión derivó en que Enrico tuviera que renunciar a la licencia de su banca en el Senado, una movida que Michlig inicialmente había facilitado "por solidaridad". La resolución del conflicto dejó esquirlas en la relación entre el Ejecutivo y el bloque legislativo, exponiendo que la hegemonía del frente gobernante no está exenta de disputas de poder territorial y administrativo.
A esto se sumó un segundo frente de conflicto: la apertura del diálogo con La Libertad Avanza (LLA). Michlig sugirió públicamente la posibilidad de integrar a los libertarios en la coalición Unidos, una declaración que no cayó bien en los sectores más progresistas del frente. El riesgo de aparecer "pidiendo auxilio" a las fuerzas nacionales fue visto por algunos colaboradores de Pullaro como un paso en falso que entregaba centralidad política a la oposición sin necesidad.
La construcción de un equilibrio de poder
"El gobernador protege a quien considera un aliado estratégico, casi un padre político", explican desde el entorno gubernamental. La fragilidad que algunos percibieron en la figura del senador tras estos episodios fue compensada por la autoridad directa de Pullaro. Al elevar la figura de Michlig, el gobernador también envía un mensaje al resto de los integrantes de Unidos: el esquema de mando se respeta y las diferencias se saldan bajo su conducción.
"Es mi amigo y jefe"
Esta declaración de Pullaro no solo busca apaciguar el enojo del senador, sino también marcar la cancha frente a los cuestionamientos externos. Si Michlig es el "jefe" en la estructura partidaria, cualquier ataque hacia él se interpreta como un desafío a la estabilidad del gobierno.
Los desafíos de la gestión y la unidad
La gestión de Pullaro se encuentra en una etapa de definiciones estructurales. Con un fuerte enfoque en la seguridad pública y el ajuste en el sistema penitenciario, el mandatario necesita que el Poder Legislativo funcione como un reloj. En ese escenario, Michlig es el garante de los consensos necesarios para aprobar las leyes que bajan desde la Casa Gris.
El ordenamiento de Unidos es vital en un contexto nacional volátil, donde la provincia de Santa Fe busca mantener su autonomía política frente a la gestión de Javier Milei, mientras intenta gestionar las deudas millonarias que la Nación mantiene con el territorio, especialmente en materia de impuestos a los combustibles y subsidios al transporte.
Finalmente, el acto en San Cristóbal cierra una etapa de dudas. Pullaro demostró que está dispuesto a invertir capital político para sostener a sus leales, priorizando la gobernabilidad por encima de las rispideces puntuales que la gestión diaria suele generar entre ministros y legisladores.

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