
El gobierno de Santa Fe y la empresa contratista aceleran los trabajos finales para retirar el obrador antes del Día de la Bandera. La reapertura formal está planificada para el inicio de las tradicionales promesas de lealtad de los escolares, tras once años de postergaciones y el reciente traspaso del proyecto desde la órbita nacional.
El camino hacia la inauguración en el Patio Cívico
La cuenta regresiva para la recuperación total del mayor emblema de Rosario entró en su fase definitiva. Si bien la fecha histórica de la ciudad es el 20 de junio, la gestión provincial apunta a estrenar las refacciones el próximo miércoles 17 de junio. Ese día está previsto que el gobernador Maximiliano Pullaro encabece el acto central de promesa de fidelidad a la enseña patria, que reunirá a miles de alumnos de escuelas primarias en el Patio Cívico.
El plan de trabajo de las próximas semanas se enfoca en terminar los detalles y liberar la mayor parte de la estructura visual del Monumento. Según los plazos acordados con la constructora Dyscon SA, la meta es que la celebración nacional luzca completamente despejada, sin los andamios ni las estructuras metálicas que alteraron la fisonomía del paisaje urbano durante años.
Posteriormente a las fiestas patronales, solo permanecerá un obrador reducido sobre la subida de calle Santa Fe. Este espacio técnico se utilizará para tareas menores de ajuste y para evaluar la ejecución de un proyecto complementario que excede el contrato original: la reparación de la explanada sobre la proa del Monumento.
Una década de parálisis y el financiamiento provincial
La culminación de este proyecto corta una racha de once años de anuncios incumplidos y desfinanciamiento por parte de sucesivas administraciones nacionales. El derrotero comenzó en junio de 2015 y atravesó múltiples neutralizaciones de obra debido a la falta de pago de los certificados por parte del Estado nacional. El último freno severo ocurrió a inicios de este año, cuando la contratista suspendió las actividades debido a una deuda acumulada que rozaba los 1.400 millones de pesos.
Ante el riesgo de pasar otro 20 de junio con el ícono local vallado, el gobierno de Santa Fe tomó una determinación política clave a fines de marzo pasado. Pullaro firmó el convenio de traspaso para asumir el control de la obra con fondos propios de la provincia. La administración santafesina saldó la deuda pendiente con la constructora y garantizó una inversión adicional de 2.600 millones de pesos para financiar el 25% restante de los trabajos que restaban ejecutarse.
Los trabajos técnicos en la estructura histórica
La intervención actual no altera el diseño arquitectónico original de 1957, sino que se concentra en tareas de restauración artesanal, infraestructura interna y accesibilidad. Las cuadrillas concentran sus esfuerzos en sectores críticos del predio que presentaban un deterioro marcado por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento estructural.
"Para el 20 de junio llegamos bien", aseguró Mariano Schor, titular de la constructora Dyscon SA, al evaluar el ritmo de las tareas. Las obras principales abarcan la renovación total del tendido eléctrico y el sistema de iluminación de la Sala de Honor de las Banderas, el recambio de vitrinas, la reparación del ascensor de la torre principal y la colocación de nuevas rejas de seguridad en el mirador. Además, se realizan pruebas de llenado y luces en la fuente de la proa.
El punto que se mantiene en negociación es la reparación de los pisos que rodean el predio. La superficie de las bajadas de Córdoba y Santa Fe, que suma unos 4.000 metros cuadrados, muestra grietas y losetas rotas debido al montaje recurrente de escenarios pesados. Las autoridades locales y provinciales evalúan avanzar con un plan de bacheo de veredas para unificar la estética de todo el entorno urbanístico del casco histórico de Rosario.

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