
El académico Jules Boykoff analiza en su nuevo libro el giro comercial de la FIFA bajo la gestión de Gianni Infantino y el impacto del "sportwashing" en la próxima Copa del Mundo.
La gestión de Gianni Infantino al frente de la FIFA atraviesa uno de sus momentos de mayor cuestionamiento académico y social. En su reciente obra, Tarjeta Roja: el Mundial de 2026, 'sportwashing' y la máquina de codicia de la FIFA, el profesor Jules Boykoff desglosa lo que considera una transformación radical del organismo rector del fútbol hacia un modelo centrado exclusivamente en la acumulación de capital. Según el autor, el torneo que organizarán conjuntamente Estados Unidos, México y Canadá representa la culminación de una estrategia donde el deporte funciona como una fachada para intereses políticos y económicos de gran escala.
Boykoff, quien combina su experiencia como exjugador de fútbol profesional con una sólida trayectoria en ciencia política, sostiene que el actual presidente de la FIFA ha perfeccionado un sistema de explotación comercial que deja de lado los valores fundacionales del juego. La crítica no se limita a la administración interna, sino que se extiende a la compleja red de alianzas que el dirigente tejió con figuras del poder político, destacando la relación estratégica con el expresidente y actual candidato estadounidense Donald Trump durante el proceso de adjudicación de la sede.
El ascenso de Gianni Infantino y el cambio de paradigma
Desde que asumió el cargo en 2016, tras el escándalo del FIFA Gate que terminó con la era de Joseph Blatter, Gianni Infantino prometió transparencia y una "nueva era" para el fútbol mundial. Sin embargo, para Boykoff, esta transición fue meramente cosmética. El académico argumenta que la FIFA se transformó en una estructura más eficiente para la generación de ingresos, pero menos responsable ante las federaciones y la sociedad civil.
"Con Infantino, la FIFA se convirtió en una máquina de codicia a pleno rendimiento", afirma Boykoff en su texto. Esta definición apunta a la expansión del calendario futbolístico, la creación del nuevo Mundial de Clubes de 32 equipos y, fundamentalmente, la ampliación del Mundial de selecciones a 48 participantes. Para el autor, estas decisiones no responden a una búsqueda de inclusión deportiva, sino a la necesidad de maximizar los derechos de transmisión y los acuerdos de patrocinio en mercados estratégicos.
La gestión de Infantino se caracteriza por un personalismo marcado, donde el presidente centraliza las decisiones clave. Esta dinámica permitió que la FIFA operara con una autonomía casi estatal, negociando condiciones fiscales y legales de privilegio con los países anfitriones, lo que a menudo resulta en un costo social y económico elevado para las ciudades sedes.
El Mundial 2026 y la alianza con el poder político
El análisis de Boykoff pone un foco particular en el Mundial 2026, el primero en la historia con tres países organizadores. El autor señala que la elección de Norteamérica no fue casual, sino que respondió a un calculado movimiento geopolítico. La relación entre Infantino y Donald Trump durante el primer mandato del republicano fue fundamental para consolidar la candidatura conjunta.
El libro describe cómo la FIFA utilizó la influencia de la Casa Blanca para asegurar garantías que, en otros contextos, serían difíciles de obtener. Boykoff advierte que esta cercanía con líderes populistas o autocráticos es una constante en la gestión actual. El concepto de sportwashing —el uso del deporte para limpiar la imagen de regímenes o líderes cuestionados— es el eje central de su denuncia.
"El fútbol se utiliza como un lubricante social para normalizar relaciones políticas complejas y distraer la atención de problemas estructurales, desde crisis migratorias hasta desigualdades económicas profundas".
En el caso de Estados Unidos, el académico sugiere que el Mundial servirá para proyectar una imagen de unidad y prosperidad, omitiendo las tensiones internas y las políticas exteriores polémicas. El "modelo de negocio" de la FIFA se apoya en esta capacidad de ofrecer una plataforma global de visibilidad masiva, donde los Gobiernos están dispuestos a ceder soberanía a cambio de ser el centro del espectáculo durante un mes.
Impacto social y el fenómeno del sportwashing
Uno de los puntos más críticos de la investigación de Boykoff es el impacto que los grandes eventos deportivos tienen sobre las comunidades locales. El académico documenta cómo la llegada de una Copa del Mundo suele ir acompañada de procesos de gentrificación, desplazamientos de poblaciones vulnerables y una militarización del espacio público bajo la excusa de la seguridad.
El sportwashing no es una práctica nueva, pero Boykoff sostiene que bajo el mando de Infantino se ha industrializado. El ejemplo de Qatar 2022 dejó un precedente sobre cómo la FIFA está dispuesta a ignorar denuncias sobre derechos humanos si la rentabilidad financiera está garantizada. Para 2026, el riesgo reside en la erosión de los controles democráticos frente a las exigencias del organismo internacional.
Las ciudades que albergarán los partidos enfrentan contratos leoninos. Muchas veces, los beneficios económicos prometidos no llegan a los ciudadanos comunes, sino que se filtran a través de corporaciones hoteleras y socios comerciales de la FIFA. Boykoff enfatiza que la "máquina de codicia" opera mediante la transferencia de fondos públicos hacia manos privadas, dejando a los estados con deudas de infraestructura y mantenimiento que perduran décadas después del pitazo final.
El futuro del fútbol bajo la dirección actual
La visión de Boykoff es pesimista respecto a una reforma interna de la FIFA mientras se mantenga la actual estructura de incentivos. La falta de una oposición real dentro de las federaciones nacionales, muchas de las cuales dependen de los fondos de desarrollo que reparte Zúrich, garantiza la continuidad del modelo. Infantino ha logrado blindar su liderazgo mediante una política de subsidios que mantiene leales a la mayoría de los miembros.
El libro concluye planteando una advertencia a los aficionados y ciudadanos. El fútbol, como fenómeno cultural, está siendo secuestrado por una lógica puramente extractiva. Si el Mundial de 2026 tiene éxito financiero, será la validación definitiva para que la FIFA continúe expandiendo su influencia sin importar las consecuencias éticas o sociales.
La investigación de Jules Boykoff sirve como un llamado de atención sobre la necesidad de democratizar las instituciones deportivas internacionales. Mientras la "máquina de codicia" siga funcionando sin contrapesos, el deporte más popular del mundo corre el riesgo de desconectarse definitivamente de su base social para transformarse en un producto corporativo exclusivo de las élites globales.

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