
El gobierno provincial implementó medidas excepcionales para los departamentos Vera y 9 de Julio, incluyendo la prórroga de la vacunación antiaftosa y la liberación de tránsito para hacienda en riesgo.
Mientras el sur santafesino se conmocionaba con el accidente del técnico leproso, el norte de la provincia enfrenta una realidad dramática por factores climáticos. Las intensas lluvias registradas en los últimos 15 días, que en algunas zonas superaron los 200 milímetros en pocas horas, han dejado bajo agua vastas extensiones productivas. Ante este escenario, el Ejecutivo de Santa Fe, en coordinación con organismos nacionales, anunció un paquete de medidas de emergencia para contener el impacto en el sector agropecuario.
Los departamentos de Vera, 9 de Julio y, en menor medida, General Obligado, son los epicentros de una crisis que combina anegamientos de campos con la intransitabilidad absoluta de caminos rurales. Esta situación impide no solo el traslado de granos, sino también el manejo básico de la ganadería, actividad central de la economía regional.
Flexibilización operativa para el sector ganadero
La medida más urgente, gestionada ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), es la prórroga por 30 días de la campaña de vacunación antiaftosa. Originalmente, el calendario debía cumplirse en estas semanas, pero la Secretaría de Agricultura y Ganadería provincial advirtió que es físicamente imposible para los equipos sanitarios acceder a los establecimientos.
"Dada la amplia superficie anegada y la intransitabilidad de los caminos, pedimos la extensión del plazo. En las condiciones actuales, inocular a los animales representaría un riesgo tanto para el personal como para la propia hacienda", señalaron desde el Ministerio de Desarrollo Productivo.
Además de la prórroga, se habilitaron mecanismos temporales para el traslado de hacienda sin los certificados habituales en casos de extrema urgencia. Esto permite que los productores que ven sus campos inundados puedan mover los animales hacia zonas altas o terrenos secos de manera inmediata, evitando la pérdida de stock por ahogamiento o enfermedades derivadas del exceso hídrico.
El impacto social de un fenómeno persistente
Las inundaciones no solo afectan la rentabilidad del campo. En localidades rurales del norte santafesino, los anegamientos han comenzado a afectar los cascos urbanos, dificultando el acceso a servicios básicos y el normal dictado de clases. La coincidencia de estas lluvias con informes nacionales alarmantes sobre la situación social agrava el panorama: según datos recientes de la UCA, el 53,6% de los niños y adolescentes en el país vive bajo la línea de pobreza, una realidad que se profundiza en las zonas castigadas por desastres climáticos donde el empleo informal es predominante.
El Ministerio de Desarrollo Productivo calificó el escenario como "crítico". Se espera que, una vez que el agua comience a bajar, se inicie un relevamiento de daños para determinar la entrega de subsidios o créditos blandos que permitan a los pequeños y medianos productores del norte santafesino recomponer su capacidad operativa tras un abril que será recordado por su hostilidad meteorológica.

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