
Colombia autoriza el sacrificio de 80 hipopótamos de Pablo Escobar
El Gobierno colombiano oficializó un protocolo para aplicar la eutanasia a decenas de ejemplares que habitan en el río Magdalena, con el objetivo de frenar una crisis ambiental y de seguridad que amenaza con desbordarse para 2030.
La ministra de Ambiente, Irene Vélez, firmó el documento oficial que establece los lineamientos técnicos para el manejo y control de esta especie invasora. La medida surge tras décadas de crecimiento poblacional descontrolado de los descendientes de los cuatro hipopótamos africanos que el narcotraficante Pablo Escobar introdujo ilegalmente en su Hacienda Nápoles durante la década de 1980.
Métodos de control y protocolos de seguridad
El plan de manejo comenzará a ejecutarse durante el segundo semestre de este año y contempla dos vías principales para la eutanasia. Por un lado, se realizará un procedimiento químico mediante el cual se atraerá a los animales con alimento hacia corrales para inmovilizarlos con dardos y suministrarles una inyección letal.
Por otro lado, el protocolo autoriza el sacrificio físico mediante disparos de rifle de alta potencia. Esta tarea estará a cargo de tiradores certificados, quienes deberán asegurar un impacto directo en el cráneo para garantizar una muerte inmediata y evitar el sufrimiento del animal. Como instancia final, la normativa contempla la posibilidad de disponer fosas de cuatro metros de profundidad para el entierro de los restos o, en su defecto, la cremación.
El impacto ambiental de una especie invasora
La urgencia de la medida radica en la proyección de crecimiento de la manada. Actualmente se estima que existen cerca de 200 ejemplares en libertad, pero los especialistas advierten que, de no intervenir, la población podría alcanzar los 500 individuos en el año 2030.
La presencia de estos mamíferos, que pueden pesar hasta tres mil kilos, transformó el ecosistema del río Magdalena. Su actividad altera la calidad del agua y pone en riesgo la supervivencia de especies nativas como el manatí y la tortuga de río. Además, la expansión territorial es evidente: ya se reportó el avistamiento de ejemplares a más de 200 kilómetros de su punto de origen.
Un riesgo creciente para la población local
En Puerto Triunfo, los encuentros entre humanos e hipopótamos se volvieron frecuentes. Los animales bloquean rutas, dañan cultivos y atacan ganado, generando un clima de inseguridad para los residentes. "Los habitantes debieron acostumbrarse a verlos pasear por las calles mientras realizan sus compras", señala el informe oficial sobre la situación en la zona.
Aunque los denominados "hipopótamos de la cocaína" se convirtieron en un atractivo turístico tras la muerte de Escobar en 1993, el Ejecutivo determinó que el riesgo para la biodiversidad y la integridad física de las personas supera cualquier beneficio recreativo. De no ser efectivas las medidas actuales, el Gobierno no descarta autorizar la caza por parte de la población civil como último recurso de control.

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