La modernización del transporte público en Rosario enfrenta un obstáculo financiero crítico. Mientras el Ejecutivo municipal, liderado por el intendente Pablo Javkin, impulsa la transición de los colectivos diésel hacia unidades propulsadas a Gas Natural Comprimido (GNC) para reducir costos operativos, el encarecimiento del crédito impide avanzar a la velocidad deseada. El alto costo de las tasas de interés se ha convertido en la barrera principal para la compra de los nuevos vehículos.
La apuesta por la eficiencia operativa
El recambio de flota no es solo una cuestión ambiental, sino una necesidad económica frente a la quita de subsidios nacionales y el incremento constante de los combustibles líquidos. Fuentes municipales sostienen que, aunque la inversión inicial en un colectivo a GNC es aproximadamente un 30% superior a la de uno convencional a gasoil, la ecuación se equilibra en el mediano plazo debido a la significativa diferencia de precio entre los combustibles.
El objetivo es claro: mitigar la presión sobre la tarifa del boleto, que hoy se ve golpeada cada vez que sube el precio del gasoil. Al reducir el gasto en combustible, el sistema ganaría previsibilidad y sostenibilidad sin depender exclusivamente de las partidas presupuestarias o de constantes ajustes en el pasaje que afectan directamente al usuario.
La experiencia nacional como espejo
Rosario observa con detenimiento los modelos de otras ciudades, especialmente el caso de la empresa Metropol en Buenos Aires, que ya ha puesto a rodar unidades nativas a GNC con resultados satisfactorios. Estos ejemplos sirven como caso de prueba para validar la tecnología y su rendimiento en condiciones de uso urbano intensivo.
No obstante, el salto tecnológico requiere una inversión en infraestructura que excede la simple compra de unidades. La red de estaciones de servicio, la adaptación de los talleres de mantenimiento y la logística de repuestos son piezas fundamentales de un rompecabezas que, por el momento, se encuentra frenado por la falta de un financiamiento accesible.
Desafíos hacia el futuro
A pesar de la voluntad política de avanzar, el contexto macroeconómico sigue siendo el factor determinante. La renovación del parque automotor es una deuda pendiente para mejorar la calidad del servicio, pero las empresas concesionarias advierten que, sin herramientas crediticias que permitan amortizar el valor de las nuevas unidades, la transición a energías más limpias corre el riesgo de estancarse.
La licitación de nuevas unidades es un paso inminente, según señalan desde Movi, pero el éxito del proyecto dependerá en gran medida de las condiciones de mercado. Por ahora, el transporte público de la ciudad queda en una suerte de compás de espera, equilibrando la urgencia por modernizarse con la realidad de un esquema financiero que no facilita la inversión productiva.


📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.
📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.