Neuronas humanas vivas logran jugar al videojuego Doom en un experimento de laboratorio

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Un equipo de científicos ha logrado un hito que parece extraído de la ciencia ficción: entrenar neuronas humanas vivas, cultivadas en un laboratorio, para que interactúen con el clásico videojuego de disparos Doom. El experimento, que combina la biología celular con la informática avanzada, demuestra que las células cerebrales fuera de un cuerpo pueden aprender a procesar información y ejecutar tareas complejas en entornos virtuales.

El experimento: biotecnología aplicada al gaming

La investigación se basó en la creación de un sistema donde las neuronas fueron colocadas sobre una matriz de microelectrodos. Este dispositivo permite una comunicación bidireccional: los electrodos envían señales eléctricas que representan el entorno del juego y las neuronas responden con impulsos que se traducen en movimientos dentro del mapa de Doom. De esta manera, el tejido biológico se convierte en el "procesador" que toma decisiones en tiempo real.

A diferencia de una Inteligencia Artificial tradicional basada en silicio, este sistema biológico utiliza la plasticidad neuronal para adaptarse. "El objetivo es entender cómo las redes neuronales biológicas procesan la información y aprenden de sus errores", explicaron los responsables del estudio. El proceso de aprendizaje se refuerza mediante estímulos eléctricos: si la neurona acierta, recibe una señal organizada; si falla, recibe una señal caótica.

Implicancias éticas y el futuro de la computación biológica

Este avance no solo es una curiosidad tecnológica, sino que abre la puerta a la denominada "computación biológica". Al utilizar células vivas, los investigadores pueden observar cómo el alcohol, los medicamentos o el cansancio afectan el rendimiento cognitivo en un entorno controlado. Este modelo podría reemplazar en el futuro a ciertos testeos en animales y ofrecer una visión más precisa de las patologías neurológicas humanas.

Sin embargo, el experimento también despierta interrogantes sobre los límites de la manipulación biológica. Aunque las neuronas en una placa de Petri no poseen conciencia ni sentimientos, la capacidad de estas redes para interactuar con software complejo plantea desafíos regulatorios. “Estamos ante una frontera donde la biología y el código se vuelven indistinguibles”, señalan expertos en bioética, advirtiendo sobre la necesidad de marcos legales para estas nuevas formas de inteligencia híbrida.

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