La cadena de pagos en la Argentina atraviesa un momento de extrema fragilidad. Según los últimos datos del Banco Central y reportes de consultoras privadas, la cantidad de cheques rechazados por falta de fondos sufrió un incremento exponencial en el último año, alcanzando registros que no se veían desde los meses más críticos de la pandemia de COVID-19 en 2020.
Un salto crítico en los montos de mora
El deterioro de la liquidez empresaria se refleja con nitidez en las cifras. Mientras que la media histórica de rechazos por falta de fondos se mantenía por debajo de los u$s 30 millones mensuales, en el último trimestre esa cifra se sextuplicó, superando los **"u$s 180 millones por mes"**. Este salto representa no solo un récord nominal, sino una señal de alerta roja para la estabilidad financiera del sector productivo.
El informe de la agencia Fidelitas destaca que en diciembre de 2025 se alcanzó un pico de 119.285 cheques rechazados, lo que implica un aumento interanual superior al 200%. "La persistencia de estos niveles en los primeros meses de 2026 sugiere que la presión sobre el capital de trabajo de las empresas se mantiene elevada", advierte el documento, subrayando que el fenómeno ya no es un evento aislado sino una tendencia consolidada.
Impacto en pymes y sectores más afectados
Las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) son las principales víctimas de este escenario. Al utilizar el cheque de pago diferido como su herramienta predilecta de financiación, la imposibilidad de cubrir estos documentos las deja fuera del sistema de crédito y corta su operatividad diaria. La mora en este segmento ya se ubica en torno al 4%, duplicando la media general.
Entre los sectores que encabezan los niveles de irregularidad se encuentran:
Molinería: con un crítico 43,3% de mora.
Cueros: alcanzando el 40,7%.
Construcción e Indumentaria: con niveles que oscilan entre el 6% y el 8%.
La situación en la industria molinera es particularmente preocupante, ya que, a pesar de las buenas campañas agrícolas, la falta de liquidez impide cumplir con los compromisos financieros básicos, generando un efecto dominó que llega hasta los proveedores de materia prima.
Consecuencias de una cadena de pagos estresada
El riesgo de una ruptura sistémica en la cadena de suministros es una posibilidad que los analistas miran de cerca. Cuando una empresa no puede cobrar un cheque, se ve obligada a postergar sus propios pagos, trasladando la crisis de liquidez a toda la estructura comercial.
"El cheque rechazado de una empresa se convierte automáticamente en el ingreso no percibido de otra, estresando de manera capilar a todo el sistema", señalan expertos del sector. Este contexto de tasas aún elevadas y una demanda interna que no termina de traccionar configura un escenario de "supervivencia" para miles de firmas que hoy operan al límite de su capacidad financiera.


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