La situación económica de Newell's Old Boys vuelve a estar en el centro de la escena política e institucional del club. Tras las declaraciones del presidente Ignacio Astore sobre el estado financiero de la entidad, desde la oposición han levantado la voz para marcar fuertes discrepancias con las cifras oficiales, encendiendo las alarmas en el Parque Independencia.
El nudo del conflicto radica en la valoración real del pasivo leproso. Mientras que el oficialismo defiende una gestión ordenada con números controlados, diversos sectores opositores realizaron sus propios relevamientos y llegaron a una conclusión preocupante: el endeudamiento real podría ser sustancialmente mayor al comunicado.
Contradicciones en los números del Parque
Según los análisis presentados por las agrupaciones contrarias a la actual gestión, la diferencia entre lo dicho y lo calculado es abismal. Se estima que el pasivo total superaría en un 60 por ciento la cifra que Ignacio Astore reconoció públicamente en sus últimas intervenciones ante los medios y los socios.
Esta brecha financiera no es un detalle menor, ya que impacta directamente en la capacidad de maniobra del club de cara al próximo mercado de pases. La oposición sostiene que se están subestimando obligaciones de pago inmediatas y que la exposición en moneda extranjera es más crítica de lo que se admite en los balances preliminares.
En este sentido, referentes de la vida política del club han manifestado su inquietud. "La realidad económica del club dista mucho del relato oficial; hay compromisos que no se están computando con la gravedad que merecen", señalaron fuentes cercanas al análisis opositor, poniendo en duda la sostenibilidad del modelo actual sin ventas urgentes.
El impacto en el futuro deportivo
La discusión no es meramente contable; tiene efectos directos sobre el fútbol profesional. Si se confirma que la deuda es significativamente más alta, Newell's se verá obligado a desprenderse de capital deportivo con mayor urgencia para equilibrar las cuentas, restando poder de negociación a la hora de vender a sus figuras.
Además, la incertidumbre sobre el monto exacto del pasivo genera desconfianza en el socio, que exige transparencia absoluta. La gestión de Astore enfrenta ahora el desafío de clarificar estas inconsistencias y presentar documentación que respalde su versión para calmar las aguas en un clima político que comienza a elevar su temperatura.

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