La ONU convocó a una reunión de emergencia ante el inminente asedio paramilitar en Sudán

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El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas evalúa medidas urgentes frente al cerco de las Fuerzas de Apoyo Rápido sobre la estratégica ciudad de El-Obeid.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) activó sus mecanismos de máxima alerta internacional debido al agravamiento de la crisis civil en el noreste de África. El Consejo de Derechos Humanos convocó a una sesión de urgencia en Ginebra ante reportes de inteligencia que indican la posibilidad de un ataque masivo e inminente contra la población civil en el centro de Sudán.

El foco de la preocupación internacional se concentra en la ciudad de El-Obeid, una capital regional estratégica que se encuentra completamente sitiada por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Este grupo paramilitar mantiene un violento enfrentamiento armado contra el Ejército regular sudanés, una disputa por el control territorial que ha sumido al país en una catástrofe humanitaria desde su estallido en abril de 2023.

El posicionamiento de las milicias en los alrededores del casco urbano motivó la intervención directa de los organismos de control de las Naciones Unidas, buscando presionar por un corredor humanitario que evite una masacre en una zona densamente poblada.

El avance de las Fuerzas de Apoyo Rápido en zonas urbanas

El recrudecimiento de las operaciones de las FAR en el centro de Sudán responde a una estrategia de estrangulamiento logístico contra las posiciones remanentes de las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS). La ciudad de El-Obeid funciona como un nodo neurálgico para el transporte de suministros y asistencia humanitaria hacia la región de Darfur, lo que la convierte en un botín militar codiciado por ambas facciones en pugna.

Los testimonios recogidos por agencias internacionales detallan que la población civil sufre las consecuencias de un bloqueo prolongado que restringe el ingreso de alimentos, insumos médicos y combustible. Las milicias paramilitares han establecido puestos de control en las principales rutas de acceso, lo que paralizó la actividad comercial y los servicios básicos esenciales.

La táctica de asedio utilizada por las FAR genera alarmas específicas en el Consejo de Derechos Humanos, debido al historial de ejecuciones sumarias, saqueos generalizados y violencia de género documentados en otras localidades que cayeron bajo el control de este grupo armado durante el último año.

Antecedentes de una guerra civil que destruye la infraestructura

El conflicto armado en Sudán se originó a partir de las profundas discrepancias en torno a la integración de las FAR dentro de la estructura del Ejército nacional, un paso clave que formaba parte de un acuerdo para la transición democrática del país. La rivalidad entre el general Abdel Fattah al-Burhan, jefe del Ejército, y Mohamed Hamdan Dagalo, líder de los paramilitares, derivó en combates abiertos que destruyeron la capital, Jartum.

Desde el inicio de las hostilidades en 2023, la guerra civil ha provocado la muerte de decenas de miles de personas, aunque las organizaciones humanitarias locales advierten que las cifras oficiales están severamente subestimadas debido a la imposibilidad de acceder a las zonas de combate. La infraestructura médica del país colapsó en un 80% en las regiones afectadas, dejando a millones de ciudadanos sin atención sanitaria básica ante brotes epidémicos de cólera y desnutrición aguda.

Los intentos previos de mediación internacional, liderados alternativamente por los Estados Unidos y Arabia Saudita en las denominadas conversaciones de Yeda, fracasaron sistemáticamente debido al incumplimiento de las treguas pactadas por ambas partes, consolidando un escenario de fragmentación territorial.

Impacto humanitario regional y crisis de desplazados

El asedio a El-Obeid amenaza con acelerar el mayor éxodo de refugiados del planeta en la actualidad. Las Naciones Unidas estiman que más de diez millones de personas debieron abandonar sus hogares en Sudán desde el comienzo del conflicto, de las cuales cerca de dos millones cruzaron las fronteras hacia países vecinos como Chad, Egipto y el sur de Sudán, desestabilizando las economías de una región ya de por sí vulnerable.

La posibilidad de un asalto final sobre la ciudad encendió las alertas en los campos de refugiados internos, que carecen de la capacidad logística para absorber una nueva oleada de desplazados. Los organismos de socorro internacional denunciaron que los fondos destinados a la asistencia en Sudán se encuentran financiados por debajo del 20% de los requerimientos mínimos establecidos para contener la hambruna generalizada.

"La inacción de la comunidad internacional ante el cerco de grandes conglomerados urbanos en Sudán equivale a tolerar una catástrofe humanitaria previsible", señalaron observadores de derechos humanos apostados en la región fronteriza, remarcando la urgencia de establecer zonas de exclusión militar protegidas por mandatos internacionales.




De acuerdo con información difundida por: France 24

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