
El presidente de la FIFA visitó el búnker del equipo asiático tras el empate ante Nueva Zelanda y recibió fuertes críticas del cuerpo técnico y los jugadores por la falta de apoyo ante las restricciones migratorias de Estados Unidos.
El clima político y las dificultades logísticas volvieron a ganar terreno en la Copa del Mundo 2026. Tras el empate 2 a 2 entre Irán y Nueva Zelanda en Los Ángeles, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ingresó al vestuario del seleccionado iraní con la intención de brindar un mensaje de aliento y distensión. Sin embargo, se encontró con un escenario de profundo malestar. El entrenador y los referentes del plantel no ocultaron su frustración y le recriminaron cara a cara las severas desventajas deportivas que sufren debido a las trabas gubernamentales impuestas por las autoridades norteamericanas.
Las restricciones en la entrega de visados por parte del gobierno de los Estados Unidos alteraron por completo la estructura del conjunto asiático. La delegación no pudo ingresar al país con su staff completo, lo que obligó a los miembros del cuerpo técnico a duplicar funciones para cubrir áreas operativas básicas que quedaron vacantes.
Un reclamo directo frente a la máxima autoridad
Al presentarse ante los futbolistas, Infantino intentó destacar el valor simbólico de la participación del equipo en el torneo, afirmando que estaban enviando un mensaje poderoso al planeta y que el público se estaba enamorando de la entrega de la selección. No obstante, las palabras de cortesía del dirigente italo-suizo fueron rápidamente contestadas por el director técnico de Irán, Amir Ghalenoei, quien tomó la palabra mediante un traductor para exponer las carencias del seleccionado.
"Somos la nación más oprimida del Mundial por las condiciones que han creado para nosotros, que son una clara injusticia para este equipo", expresó Ghalenoei ante la mirada del titular de la FIFA. El entrenador remarcó que las decisiones administrativas fronterizas dañaron directamente la preparación de sus dirigidos, quitándoles el margen de adaptación necesario para una competencia de este nivel.
La voz del plantel también se hizo escuchar a través de su capitán, Mehdi Taremi. El delantero no anduvo con rodeos al calificar el panorama organizativo como inviable para la alta competencia, dejando en claro que el grupo es consciente de las diferencias de trato respecto de otras federaciones.
"Todo es un desastre para nosotros. No es lo correcto, pero no seguimos las excusas. Solamente seguimos para adelante", manifestó Taremi minutos antes de la irrupción del mandatario en la intimidad del plantel.
Desventaja deportiva y una logística de emergencia
La raíz del conflicto radica en las condiciones de permanencia que las leyes estadounidenses le otorgaron a la delegación de Irán. Al tener prohibido el pernocte prolongado en territorio norteamericano, la Federación de Fútbol de Irán se vio forzada a improvisar un centro de operaciones de emergencia en la ciudad mexicana de Tijuana. Desde allí viajan hacia las sedes de los partidos y deben regresar a suelo mexicano de forma inmediata una vez que terminan los encuentros en la cancha.
"No tenemos al presidente de la Federación con nosotros, no tenemos al team manager con nosotros aquí ni al equipo de comunicación. Miembros del staff técnico están haciendo ese trabajo", detalló Ghalenoei con visible molestia.
Esta rutina de traslados permanentes, sumada a la imposibilidad de instalarse con antelación en las ciudades sedes, eliminó cualquier posibilidad de una correcta recuperación física entre partidos. Los integrantes de la delegación argumentan que la falta de firmeza de la FIFA para garantizar la igualdad de condiciones frente a las políticas migratorias de uno de los países anfitriones desvirtúa el espíritu del torneo.
"Necesitábamos dos semanas de adaptación porque la diferencia horaria con nuestro país es de 10 horas y media. No quieren que vengamos dos días antes. Después del partido necesitamos recuperación pero no podemos porque
La Copa del Mundo continúa su marcha, pero el cruce en Los Ángeles expuso una de las grietas organizativas más complejas de la cita máxima, donde las tensiones diplomáticas externas terminaron afectando el desarrollo estrictamente deportivo dentro del vestuario.
De acuerdo con información difundida por: La Capital

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