Pullaro sobre el desembarco de Santilli: optimismo moderado y dudas sobre el poder real

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El gobernador de Santa Fe recibió con expectativa el nombramiento de Diego Santilli como jefe de Gabinete de la Nación, aunque desde el entorno provincial advierten que los problemas estructurales requieren soluciones que exceden las capacidades de un ministro coordinador.

La designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete de la Nación, en reemplazo de un Manuel Adorni desgastado por la crisis de transparencia en su gestión, ha generado un efecto inmediato en la Casa Gris. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, uno de los mandatarios provinciales con mayor peso en el armado federal, recibió la novedad con una señal de optimismo mesurado, reconociendo en el flamante funcionario un interlocutor con trayectoria y capacidad de diálogo, aunque sin dejar de lado la cautela respecto a los márgenes de maniobra que tendrá el nuevo ministro dentro de la estructura de poder de Javier Milei.

Desde el entorno más cercano a Pullaro, el mensaje es claro: el cambio de nombres es un paso necesario para descomprimir la relación entre la Casa Rosada y las provincias, pero no garantiza, por sí solo, un cambio en la política fiscal o en la distribución de fondos que Santa Fe reclama hace meses. “La designación de Santilli es positiva porque es alguien que entiende la gestión y conoce cómo funciona la política territorial”, confiaron fuentes de la gobernación santafesina, aunque rápidamente matizaron el entusiasmo con una advertencia política: “Hay cosas que no dependen de él, sino de la voluntad del Presidente”.

Un interlocutor válido frente al desgaste de Adorni

La salida de Manuel Adorni de la jefatura de ministros es vista en Santa Fe como la resolución de un conflicto que se había vuelto insostenible. La exposición pública del ahora exfuncionario, envuelto en controversias judiciales por presuntas irregularidades en sus declaraciones juradas, había contaminado los canales de negociación con los gobernadores. Para el Ejecutivo santafesino, la gestión de Adorni se caracterizó por una retórica confrontativa que alejó las soluciones técnicas de los problemas reales de la economía provincial.

Diego Santilli, con su experiencia previa como vicejefe de Gobierno porteño y su rol legislativo en el Congreso, llega al cargo con una impronta distinta. Su perfil está más ligado a la resolución de conflictos prácticos y a la construcción de consensos, lo que en la Casa Gris interpretan como un intento del Ejecutivo nacional por "ordenar la casa" y centralizar la gestión operativa. Sin embargo, en Santa Fe observan con atención si este movimiento es una señal de apertura del Presidente hacia los gobernadores dialoguistas o simplemente una maniobra de blindaje político ante la crisis de popularidad del oficialismo.

Los puntos de fricción que preocupan a Santa Fe

A pesar del beneplácito por la llegada de un dirigente que "habla el mismo idioma" de la gestión pública, la agenda de Pullaro con la Nación mantiene focos de tensión que difícilmente se resuelvan con un cambio de nombres en la jefatura de Gabinete. El gobernador santafesino ha sido uno de los más críticos respecto al impacto de la recesión en su provincia, especialmente tras conocerse la pérdida de más de 20.000 puestos de trabajo registrados y el cierre de 3.000 empresas en los últimos dos años.

Entre las demandas que Santa Fe pondrá sobre la mesa del nuevo jefe de Gabinete, la infraestructura es la prioridad. El freno a la obra pública nacional ha dejado inconclusos tramos clave de rutas provinciales y obras de seguridad vial que son vitales para la logística agroindustrial. “Esperamos que Santilli pueda destrabar lo que hoy está estancado por puro dogmatismo presupuestario”, sostienen cerca del despacho del gobernador. Además, el financiamiento para las cajas de jubilaciones provinciales y el giro de fondos específicos para seguridad siguen siendo temas que separan la visión de la gestión provincial de la receta de ajuste radical que impulsa la administración libertaria.

Un mensaje de cautela ante la centralización del poder

El optimismo que destilan en la Casa Gris tiene un techo. Pullaro sabe que el modelo de gobierno de Javier Milei es profundamente centralista y que las decisiones macroeconómicas que definen el rumbo del país se toman en un círculo de confianza muy estrecho donde la jefatura de Gabinete suele tener poco peso. Por eso, el "optimismo mesurado" no es una pose, sino una estrategia de supervivencia política. El mandatario santafesino necesita una relación fluida con el nuevo ministro, pero no está dispuesto a subordinar los intereses de su provincia a las necesidades electorales de la administración central.

La cautela también se explica por la ambición personal de Santilli. En Santa Fe sospechan que el nuevo jefe de Gabinete utilizará la plataforma ministerial para relanzar su propio proyecto político hacia 2027. Esto coloca a Pullaro en una posición de doble lectura: por un lado, Santilli necesita que a los gobernadores les vaya bien para mostrarse como un dirigente exitoso; por el otro, el diputado debe demostrar ante el Presidente que no tiene reparos en ajustar a las provincias si el plan económico lo exige.

El escenario de cara a la segunda mitad del año

El segundo semestre se presenta como una etapa decisiva para ambos. Para el Gobierno nacional, porque debe empezar a mostrar que la recesión ha tocado fondo y que la recuperación del empleo formal es posible en el corto plazo. Para Santa Fe, porque Pullaro necesita que la economía real —el comercio minorista, las PyMEs industriales y el sector agropecuario— reciba un alivio que permita frenar la escalada de la informalidad laboral, que ya afecta a una parte significativa de la fuerza de trabajo joven de la provincia.

La interlocución con Santilli será puesta a prueba en las próximas semanas, cuando comiencen a discutirse las partidas para el Presupuesto 2027. Allí se verá si el nuevo jefe de Gabinete tiene el poder real para negociar las transferencias que las provincias necesitan para sostener sus servicios públicos o si, por el contrario, su rol se limitará a la administración de un esquema de restricción absoluta. Por ahora, desde Santa Fe el mensaje es claro: las puertas están abiertas al diálogo, pero la paciencia de los gobernadores por ver resultados concretos en la gestión pública está llegando a su límite.



De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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