
Meta dio marcha atrás y eliminó de su aplicación Meta AI el software de reconocimiento facial que había integrado de forma discreta, a solo un día de que una investigación periodística revelara su existencia en más de 50 millones de dispositivos.
La última actualización de la aplicación, que sirve como complemento para la línea de gafas inteligentes de la compañía, borró las bibliotecas de código que permitían ejecutar el sistema denominado internamente como "NameTag". Este software, aunque permanecía inactivo para el usuario final, estaba diseñado para transformar rostros capturados por las cámaras de las gafas en huellas biométricas únicas y compararlas con bases de datos locales.
El hallazgo original, publicado por WIRED, demostró que Meta había incorporado partes sustanciales de esta tecnología desde enero, pese a que la empresa sostuvo públicamente durante meses que no existía una decisión definitiva sobre el desarrollo de estas herramientas de identificación.
La cronología de una integración polémica
El proyecto NameTag comenzó a ganar notoriedad en febrero pasado, cuando trascendieron documentos internos de Meta que sugerían la intención de la compañía de lanzar el reconocimiento facial en sus dispositivos antes de finalizar 2026. Según los reportes, la implementación se habría diseñado bajo un análisis de "entorno político dinámico", sugiriendo una estrategia cautelosa frente a posibles críticas de defensores de la privacidad.
A pesar de las evidencias técnicas encontradas en el código de la aplicación Meta AI, la postura oficial de la empresa fue de negación. Andrew Bosworth, director de tecnología de Meta, calificó las revelaciones iniciales como "increíblemente engañosas" y "deshonestas". Por su parte, el vicepresidente de comunicaciones, Andy Stone, se limitó a señalar el lunes que la función es "puramente exploratoria" y que no se ha tomado ninguna decisión definitiva al respecto.
Sin embargo, la eliminación del código en la versión más reciente de la aplicación contradice en los hechos esa narrativa de inocuidad. No solo se borraron los componentes de software esenciales para el reconocimiento, sino también una carpeta específica donde el sistema almacenaba imágenes recortadas y firmas biométricas de rostros que no habían sido identificados, planteando serias dudas sobre el tratamiento de datos de personas ajenas al usuario del dispositivo.
El debate por la privacidad y la falta de regulación
La rápida retirada de NameTag ha vuelto a encender las alarmas entre los organismos de derechos digitales y legisladores. Expertos en privacidad advierten que el riesgo de una tecnología de este tipo no radica solo en su funcionamiento, sino en el potencial mal uso por parte de terceros para identificar desconocidos en espacios públicos, lo cual facilitaría situaciones de acoso o abuso.
"Las tácticas astutas de Meta al integrar el código de reconocimiento facial en sus gafas inteligentes demuestran por qué las leyes de privacidad de datos necesitan una aplicación rigurosa", afirmó Kade Crockford, directora del programa de tecnología para la libertad de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) de Massachusetts.
La especialista señaló que la eliminación del código no borra la preocupación sobre la conducta corporativa. Al contrario, Crockford sostiene que este incidente debería servir como catalizador para que los legisladores impulsen normativas más estrictas, como el proyecto de ley de privacidad del consumidor aprobado recientemente en Massachusetts. Esta iniciativa busca, entre otras cosas, otorgar a los usuarios el derecho de acción privada, lo que permitiría a las personas perjudicadas demandar a empresas tecnológicas por el manejo irregular de sus datos personales.
¿Qué datos seguían en riesgo?
La investigación dejó interrogantes sin resolver que Meta se negó a contestar antes de su publicación. Entre ellos, destacan:
Alcance de la base de datos: Se desconoce si la empresa llegó a crear perfiles faciales previos o si los datos almacenados temporalmente en el dispositivo fueron enviados en algún momento a los servidores centrales de la compañía.
Consentimiento: No hay claridad sobre si existirían mecanismos para que las personas capturadas por las gafas pudieran optar por quedar excluidas del sistema de reconocimiento.
Transparencia: Meta evitó explicar si la herramienta fue concebida exclusivamente para personas con discapacidad visual o si tenía objetivos comerciales más amplios.
Aunque gran parte del software fue borrado, la versión actual de la aplicación aún conserva fragmentos residuales, como etiquetas en el menú de depuración interna y enlaces inactivos vinculados a perfiles de personas reconocidas. Esto confirma que el sistema estaba mucho más avanzado de lo que la comunicación oficial de la tecnológica admitió inicialmente.
Este episodio marca un nuevo capítulo en la compleja relación entre los gigantes tecnológicos de Silicon Valley y los reguladores globales, poniendo nuevamente sobre la mesa la necesidad de una transparencia absoluta cuando se trata de herramientas que alteran la expectativa de privacidad en la vía pública.
De acuerdo con información difundida por : WIRED

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