
El Ejército y la Fuerza Aérea ejecutaron misiones extremas el 13 de junio de 1982 para contener el avance final británico sobre la capital isleña.
El desenlace de la Guerra de Malvinas se definió en una carrera contra el tiempo y la superioridad logística. Tras los cruentos combates que desgastaron las posiciones defensivas entre el 11 y el 12 de junio de 1982, el mando británico detuvo momentáneamente su avance terrestre debido al alto costo en vidas y material que le infligieron las tropas argentinas. Sin embargo, la tregua duró apenas unas horas. Durante el 13 de junio, las fuerzas nacionales reorganizaron sus líneas periféricas y lanzaron operaciones desesperadas de artillería y aviación en un intento por desarticular el asalto final del Reino Unido sobre la capital de las islas.
Duelo de artillería y reconfiguración del perímetro defensivo
El repliegue forzado por los ataques previos obligó a reestructurar la última línea de defensa argentina, extendida desde el monte Tumbledown hacia el sur, bajo la custodia del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5), hasta Wireless Ridge y la península de Camber por el norte. En esta última zona resistían los remanentes del Regimiento de Infantería 7 (RI 7), fuertemente disminuidos tras perder gran parte de sus efectivos.
La Aviación del Ejército Argentino intentó revertir la falta de visibilidad táctica mediante misiones de reconocimiento con helicópteros Agusta A-109 y Bell UH-1H. El objetivo principal consistía en localizar el emplazamiento de las baterías de artillería británicas, que ya se encontraban dentro del rango de alcance de las piezas locales. Esta detección desató un intenso duelo de cañones que se extendió a lo largo de toda la jornada del 13 de junio. En paralelo, el último helicóptero Boeing CH-47 Chinook operativo en el archipiélago concretó el traslado del personal restante del Regimiento de Infantería 4 desde el cerro Twelve O’Clock hacia Wireless Ridge para reforzar el área más vulnerable.
El ataque al puesto de mando de los generales británicos
Ante la certeza de que el enemigo preparaba la estocada final desde sus posiciones en el Monte Kent, la Fuerza Aérea Argentina planificó una de sus misiones más arriesgadas. El Grupo 5 de Caza asumió la tarea de golpear directamente el corazón del mando británico mediante el despegue de las escuadrillas "Nene" y "Chispa", compuestas por cazabombarderos Douglas A-4B Skyhawk. Por fallas técnicas, el líder de la primera sección debió regresar al continente, unificándose ambas formaciones bajo el mando del capitán Pablo Varela.
Los aviones ingresaron por el noroeste de la isla Gran Malvina y volaron a ras del suelo guiados por la información del radar de Puerto Argentino, que alertaba sobre la presencia de patrullas de cazas Sea Harrier enemigos. Al adentrarse en la isla Soledad, la formación viró hacia el sur y descargó sus bombas sobre las instalaciones británicas. La incursión provocó daños severos en al menos un helicóptero Sea King, dos Gazelle y un Scout.
Durante el escape, la escuadrilla "Chispa" atacó de forma directa el puesto de comando donde operaban los generales Jeremy Moore y Julian Thompson, quienes salvaron sus vidas por escaso margen. La respuesta antiaérea enemiga provocó daños en el avión de Varela y perforó el tanque suplementario del alférez Guillermo Dellepiane. La pérdida masiva de combustible obligó a un avión reabastecedor KC-130H Hércules a aproximarse a la zona de conflicto para asistir a Dellepiane, quien completó el trayecto de regreso hasta la base de San Julián conectado permanentemente a la manguera de reabastecimiento.
La caída de Wireless Ridge y el combate cuerpo a cuerpo
Al caer la noche del 13 de junio, el Segundo Batallón de Paracaidistas británico (2 PARA), apoyado por vehículos blindados Scorpion y Scimitar, inició el asalto sobre Wireless Ridge. El Regimiento 7 de Infantería, que solo disponía de dos compañías operativas, enfrentó un bombardeo combinado de artillería terrestre y naval. Los blindados británicos avanzaron desde el norte destruyendo sistemáticamente los nidos de ametralladoras argentinos, desprovistos de armamento pesado para frenar vehículos mecánicos.
A pesar de la disparidad, las piezas antiaéreas del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 101 (GADA 101) desde Camber y los morteros de los Regimientos 3 y 6 hostigaron las posiciones británicas en el Monte Longdon. En Moody Brook, los blindados Panhard AML90 del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 intentaron contener el avance de la Compañía D del 2 PARA, entablando un combate cercano que se extendió durante la madrugada del 14 de junio.
Fracaso del desembarco comando en Camber
"Texto textual relevante"
"Los cañones antiaéreos modificaron su elevación para disparar de forma directa contra las lanchas de desembarco."
Mientras se consolidaba el frente en Wireless Ridge, unidades de las fuerzas especiales británicas SAS y SBS intentaron un desembarco en la península de Camber para neutralizar la batería del GADA 101. La dotación argentina repelió la incursión utilizando fuego directo de artillería antiaérea, obligando a los comandos británicos a replegarse con bajas en sus filas. Las Compañías de Comandos 601 y 602, junto con el Escuadrón Alacrán de la Gendarmería Nacional, acudieron al sector para fijar al enemigo, aunque ante la retirada de este decidieron marcharse a apoyar al RI 7. El contraataque argentino posterior estabilizó la línea de retirada por dos horas mediante combates cuerpo a cuerpo, pero la falta de refuerzos debido al terreno anegado impidió sostener la posición de manera definitiva.
De acuerdo con información difundida por: Google Noticias

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