
La intendenta de Quilmes cuestionó la postura política del gobernador bonaerense de cara a la movilización en respaldo a la expresidenta, lo que profundiza la fractura en el peronismo de la provincia.
Las declaraciones que sacudieron al PJ bonaerense
La jefa comunal de Quilmes, Mayra Mendoza, reavivó la disputa interna dentro del peronismo de la provincia de Buenos Aires al expresar abiertamente sus reparos sobre la conducción y el posicionamiento político de Axel Kicillof. Las definiciones de una de las principales referentes de La Cámpora se dieron en la antesala del "banderazo" convocado para respaldar a Cristina Fernández de Kirchner, un evento que busca medir fuerzas en el tablero opositor.
Mendoza fue categórica al señalar que el gobernador bonaerense le genera desconfianza, marcando una distancia que ya no se disimula en los despachos oficiales ni en las declaraciones públicas. "Kicillof me da desconfianza", afirmó la intendenta, dejando en claro que el alineamiento automático con la gobernación provincial está quebrado para el sector que responde directamente a la expresidenta de la Nación.
Esta postura expone la profundidad de una crisis de liderazgo que afecta la articulación del principal distrito electoral del país. El cuestionamiento no gira en torno a la gestión administrativa diaria, sino a la falta de una definición política contundente por parte del mandatario provincial respecto a la conducción partidaria y a la estrategia de cara a los próximos turnos electorales.
El trasfondo del banderazo por Cristina Kirchner
El detonante de este nuevo pico de tensión es la organización de una movilización masiva en apoyo a Cristina Kirchner. Para el sector nucleado en La Cámpora y el Instituto Patria, este acto representa un hito de resistencia y una demostración de vigencia de la exmandataria como la conducción natural del espacio. Sin embargo, la falta de un apoyo explícito y entusiasta por parte del entorno de Kicillof es interpretada por el kirchnerismo duro como una especulación política inaceptable.
"Kicillof me da desconfianza"
Desde el entorno de la intendenta de Quilmes sostienen que en momentos de fuerte polarización y avance de las políticas del gobierno nacional, las medias tintas o los proyectos personales dañan la unidad del movimiento. La demanda de una subordinación clara a la figura de Cristina Kirchner es el requisito que el camporismo le exige a un gobernador que, por su parte, intenta construir una identidad propia y ampliar los márgenes de su sustentación política con intendentes del conurbano y sectores sindicales alejados del Instituto Patria.
El banderazo funciona así como un termómetro y, al mismo tiempo, como un elemento de presión. La asistencia, la movilización de estructuras y los discursos que allí se pronuncien terminarán de configurar el mapa de lealtades y rupturas en un peronismo bonaerense que navega sin una conducción unificada.
El impacto político en la gestión de la provincia
La parálisis o el enfrentamiento abierto entre la gobernación y municipios clave del conurbano, como Quilmes, Lanús o la propia estructura de la tercera sección electoral, amenaza con trasladarse a la gestión legislativa y territorial. La provincia de Buenos Aires enfrenta un escenario financiero complejo por el recorte de fondos federales, lo que obliga a una coordinación estrecha entre el Ejecutivo provincial y los jefes comunales.
Hasta el momento, los puentes ministeriales se mantienen por necesidad institucional, pero el clima político interfiere en las decisiones estratégicas. Kicillof se encuentra ante la encrucijada de sostener el equilibrio fiscal y la paz social en los barrios más postergados, mientras resiste los embates internos de quienes lo acusan de intentar jubilar el liderazgo histórico del movimiento sin haber consolidado una alternativa superadora.
Por el lado de los intendentes aliados al gobernador, se argumenta que el foco debe estar puesto en blindar la gestión provincial frente a los embates de la Casa Rosada y que la discusión de candidaturas o liderazgos sectoriales es extemporánea y aleja al peronismo de las demandas reales de la sociedad civil, afectada por la inflación y la pérdida de empleo.
Antecedentes de una ruptura anunciada
La desconfianza expresada por Mendoza no es un hecho aislado, sino el corolario de una serie de desencuentros que comenzaron a visibilizarse con fuerza tras la derrota electoral de 2023. El reparto de lugares en las listas, el control de la estructura del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires —actualmente presidido por Máximo Kirchner— y las diferencias metodológicas sobre cómo ejercer la oposición al gobierno de Javier Milei han erosionado la relación.
Durante la primera mitad de 2024, las tensiones se dirimieron en reuniones a puertas cerradas y operaciones cruzadas en los medios. Sin embargo, la aceleración de los tiempos políticos y la necesidad de fijar posiciones ante la opinión pública llevaron a que los protagonistas abandonaran los eufemismos. El peronismo bonaerense se encamina a una reconfiguración forzosa donde la convivencia pacífica parece haber dejado de ser una opción viable.
El desenlace de esta interna no solo definirá el futuro inmediato del Partido Justicialista en el distrito más poblado del país, sino que también establecerá las bases sobre las cuales la oposición buscará reestructurarse a nivel nacional, en un escenario donde la fragmentación actual beneficia directamente la estrategia de polarización del oficialismo central.
De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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