
Tecnología Frente a una inmensa mayoría de protestas y movimientos de resistencia pacíficos, la velocidad y la escala de los cambios que está provocando la IA, la lentitud a la hora de regularla y los discursos catastrofistas de los propios tecnoligarcas son el caldo de cultivo de corrientes extremistas que siguen los pasos de los movimientos tecnopesimistas del pasado. — Las fichas argentinas en el ajedrez de Peter Thiel: quién es quién en el tablero local del tecnomagnate de Palantir Manifestación contra los centros de datos y las grandes tecnológicas en Georgia, EEUU EFE Nick Robins-Early The Guardian — 9 de junio de 2026 06:24 h 0 Cuando un joven de 20 años de Texas fue detenido a principios de este año por intentar, presuntamente, quemar la sede de OpenAI y la casa de Sam Altman, consejero delegado de esa empresa, las autoridades encontraron un manifiesto contra la IA, una garrafa de querosé y un encendedor. Este fue uno de los episodios de una oleada de ataques que encendió las alertas entre investigadores, la industria tecnológica y las fuerzas de seguridad ante el auge del extremismo antitecnológico.
El historiador israelí Harari elogió a Milei, pero advirtió sobre los riesgos de otorgar personalidad jurídica a la IA En abril, un influencer de Instagram italiano de la corriente “nature pilled” (movimientos en redes obsesionados con el retorno radical a la naturaleza) fue detenido en Roma y acusado de planear una serie de ataques antitecnológicos inspirados en Ted Kaczynski, conocido como el “Unabomber”. El mes pasado, dos usuarios que se autodefinen como “ecofascistas” perpetraron un ataque mortal antimusulmán en una mezquita de San Diego (EE. UU.
). Entre sus motivaciones para la violencia, resumidas en un manifiesto, también citaron el contenido basura generado por IA (“AI slop”) y los vínculos de JD Vance con Palantir. A principios de este año, un concejal de la ciudad de Indianápolis se despertó sobresaltado por el sonido de disparos efectuados contra su casa, antes de encontrar una nota en la que se leía: “NO MÁS CENTROS DE DATOS”.
Manifestantes contra la construcción de centros de datos en Georgia, EEUU EFE La creciente reacción pública ante el rápido despliegue de la inteligencia artificial por parte de la industria tecnológica adoptó formas en su inmensa mayoría no violentas, como la organización de comunidades locales en contra de los centros de datos o candidatos políticos que prometen una mayor supervisión. Sin embargo, en los márgenes de ese movimiento, los investigadores avisan de las quejas contra la industria de la IA y sus líderes están reavivando antiguos movimientos extremistas violentos y fomentando otros nuevos. La IA se está convirtiendo en un motor de la violencia política, y ese es un fenómeno muy reciente Jordyn Abrams — Investigadora sobre Extremismo de la Universidad George Washington (EEUU) “La IA se está convirtiendo en un motor de la violencia política, y ese es un fenómeno muy reciente”, afirma Jordyn Abrams, investigadora del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington.
Aunque gran parte del debate público inicial en torno a la IA generativa y el extremismo se centra en cómo actores maliciosos, como grupos terroristas, podrían dar un mal uso a productos como ChatGPT para fines propagandísticos o para planear atentados, más recientemente se está prestando atención a cómo la propia industria de la IA en su conjunto puede radicalizar a las usuarios. Lo que motiva a alguien a ejercer la violencia extremista puede no ser una conversación con un chatbot, según los investigadores, sino la sensación de un cambio impuesto a toda la sociedad, la narrativa de amenaza existencial y la falta de rendición de cuentas que acompañaron al auge de la IA. De la misma manera que la IA llegó a impregnar muchas facetas de la vida moderna, esta tecnología también se filtró en la forma en que los extremistas conciben el ámbito global.
Ya se trate de grupos violentos antigubernamentales que se oponen a la vigilancia masiva, ecofascistas con reivindicaciones medioambientales, aceleracionistas neonazis empeñados en colapsar infraestructuras tecnológicas críticas o el hombre que presuntamente atacó la casa de Altman preocupado por que una inteligencia artificial superpoderosa destruya a la humanidad, la IA se convirtió en una fijación en todo el espectro extremista. Estamos viendo a muchos grupos diferentes y muchas ideologías distintas articularse a través de una óptica en contra de la IA. Trasciende las dicotomías de izquierda y derecha Yannick Veilleux-Lepage — profesor asociado en el Real Colegio Militar de Canadá “Realmente trasciende las dicotomías de izquierda y derecha”, señala Yannick Veilleux-Lepage, profesor asociado en el Real Colegio Militar de Canadá.
“Estamos viendo a muchos grupos diferentes y muchas ideologías distintas articularse a través de una óptica en contra de la IA”. Demasiado rápido El movimiento antitecnológico moderno tiene un largo linaje. Históricamente, los periodos de cambio tecnológico vienen acompañados de una reacción violenta por parte de los más afectados; los investigadores suelen señalar la rebelión ludita de principios del siglo XIX, cuando los trabajadores textiles británicos destruían las máquinas de tejer automatizadas mientras exigían más derechos laborales.
Los siguientes 200 años trajeron oleadas de disputas laborales violentas y violencia política asociadas a las perturbaciones del mercado provocadas por la tecnología, la acumulación desigual de la riqueza y la pérdida de derechos de los trabajadores. En la década de los 90, se produjo un rechazo cultural contra el auge de la PC y el temor a cómo desestabilizaría a la sociedad. Entre las quejas habituales figuraban el miedo a la sustitución de los trabajadores humanos, el daño medioambiental y el desmoronamiento de las estructuras sociales saludables.
Cartel contra los centros de datos en una manifestación en EEUU. EFE “¿No te enteraste? Quiere tu trabajo.
Te vende obscenidades.
Publicado en base a información de : elDiarioAR.com

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