
Tras perder sus empleos y no poder afrontar el costo de un alquiler, cinco personas y su mascota se instalaron en el espacio público frente a la Maternidad Martin.
La crisis económica y la falta de empleo formal empujaron a una familia de Rosario a una situación extrema: desde hace un mes viven en la plaza de la Maternidad Martin, en la intersección de Moreno y Rioja. El grupo, integrado por una pareja, su hijo adolescente y dos adultos mayores, se vio obligado a abandonar la pensión donde residían al no poder cubrir los costos mensuales tras quedar ambos sostenes de hogar desocupados.
El caso tomó relevancia pública este lunes, cuando Adrián, el padre de familia, relató las dificultades de sobrevivir a la intemperie, agravadas por el marcado descenso de la temperatura registrado durante el último fin de semana. La situación expone la vulnerabilidad de sectores que, ante la pérdida de ingresos estables, caen rápidamente por fuera de los márgenes del sistema de vivienda.
El impacto de la desocupación en el núcleo familiar
Hasta hace poco tiempo, Adrián se desempeñaba en una empresa de vigilancia privada, lo que le permitía sostener el alquiler de una pensión ubicada en calle Urquiza al 3800. Sin embargo, la pérdida de su puesto de trabajo, sumada a la desocupación de su esposa, generó un efecto dominó que terminó con el desalojo "de común acuerdo" ante la imposibilidad de pago.
El grupo familiar no solo incluye a la pareja y a su hijo de 15 años, sino también a los padres de Adrián y a la mascota de la familia. Según detalló el hombre, antes de recalar en la plaza frente a la Maternidad y la sede de Iapos, tuvieron un paso previo por la plaza San Martín, en Moreno y Córdoba, pero las condiciones del entorno los llevaron a desplazarse hacia su ubicación actual.
"Mi esposa y yo nos quedamos sin trabajo. Desde ese momento hasta la fecha estamos en situación de calle. Quedamos con lo puesto y venimos a este lugar porque nos parece tranquilo", explicó Adrián en declaraciones radiales, remarcando que la elección del espacio público responde estrictamente a una necesidad de seguridad mínima para los adultos mayores y el menor.
Sobrevivir a la intemperie en medio del frío
El recrudecimiento de las condiciones climáticas durante mayo puso en jaque la salud de los integrantes del grupo. Con temperaturas que durante las madrugadas se acercaron a los valores mínimos de la temporada, la familia debe improvisar reparos con sus pertenencias en los bancos de la plaza.
"El frío de este fin de semana fue muy complicado", admitió Adrián, quien manifestó la urgencia de conseguir una solución habitacional o una oportunidad laboral que le permita recuperar la autonomía. La presencia de un adolescente en edad escolar y de personas de la tercera edad eleva el nivel de riesgo sanitario, en un contexto donde las enfermedades respiratorias comienzan a saturar las guardias de los hospitales públicos locales.
La situación de esta familia no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto social complejo en Rosario. Mientras la ciudad registra picos de actividad turística y hotelera en fines de semana largos, en paralelo se observa un incremento en la demanda de asistencia directa. Organizaciones como los excombatientes de Malvinas ya han retomado el reparto de viandas nocturnas, alcanzando un promedio de 460 raciones diarias para personas que duermen en la vía pública.
El contexto de la emergencia habitacional
El caso de la familia instalada en la plaza de la Maternidad Martin pone de manifiesto la fragilidad de los contratos de alquiler informales y las pensiones, que suelen ser el último refugio antes de la calle. Sin garantías ni ahorros previos, la interrupción del ingreso mensual de un trabajador de servicios, como el de vigilancia, deriva en una crisis de vivienda inmediata.
"Estamos en este lugar porque no tenemos otra opción", reiteró el hombre, dejando en claro que el objetivo primordial es evitar la dispersión de la familia y proteger a los más vulnerables del frío y la inseguridad. La falta de políticas de contingencia habitacional para grupos familiares completos suele ser un obstáculo, ya que muchos refugios temporales separan a los integrantes por sexo o no admiten menores ni mascotas, lo que obliga a las familias a permanecer unidas en el espacio público.
El impacto social de este hecho interpela a las autoridades locales sobre la efectividad de los programas de asistencia para quienes, aun habiendo formado parte del mercado laboral formal hasta hace semanas, hoy se encuentran despojados de sus derechos básicos. Por el momento, la familia permanece en el lugar, a la espera de una respuesta que les permita salir de la indigencia y recuperar un techo.

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