La industria metalúrgica de Rosario cerró 2025 con una caída del 9% y alerta por las importaciones

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La actividad fabril en el Gran Rosario sumó su segundo año consecutivo en terreno negativo, afectada por la apertura comercial y el desplome del consumo interno.

La industria metalúrgica de Rosario y su región de influencia atraviesa uno de los escenarios más complejos de la última década. Según el último relevamiento de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), el sector cerró el año 2025 con una caída real del 9%, consolidando un proceso de desinversión y pérdida de puestos de trabajo que no logra encontrar un piso.

El informe técnico revela que el deterioro de la actividad no es un hecho aislado, sino la profundización de una tendencia que comenzó en 2024, cuando la facturación real ya se había derrumbado un 26,4%. En este contexto, las empresas locales advierten que la combinación de costos operativos en alza y una creciente sustitución de producción nacional por productos importados pone en riesgo la supervivencia de las pymes del cordón industrial.

Crisis estructural y el avance de los productos importados

Uno de los puntos que mayor preocupación genera en la cámara empresaria es el impacto del comercio exterior. La apertura de las importaciones, especialmente en rubros sensibles como la línea blanca, autopartes y maquinaria agrícola, comenzó a desplazar la oferta local en las góndolas y en las cadenas de suministro industriales.

Desde AIM sostienen que no se trata de una competencia en igualdad de condiciones, dado que la industria nacional enfrenta una presión impositiva récord y costos energéticos que se dispararon durante el último año. "La sustitución de producción local por importaciones es una realidad que ya se refleja en los niveles de utilización de la capacidad instalada, que en muchos casos no llega al 45%", indicaron fuentes del sector.

Esta situación se traduce en una parálisis de las inversiones. Sin un horizonte de recuperación del mercado interno y con una demanda que no reacciona, las fábricas rosarinas han pasado de planificar expansiones a gestionar esquemas de suspensiones y reducción de turnos para evitar cierres definitivos.

Impacto en el empleo y los sectores más castigados

La recesión metalúrgica tiene un correlato directo en el mercado laboral de la región. De acuerdo con los datos procesados, la pérdida de puestos de trabajo se aceleró en el último trimestre de 2025, afectando principalmente a las ramas de autopartes, fundición y fabricación de maquinaria de uso especial.

"Texto textual relevante" "La industria metalúrgica rosarina atraviesa uno de los períodos más críticos de los últimos años, con una caída persistente que ya suma 32 meses de registros negativos en términos reales", destaca el informe de AIM para dimensionar la gravedad del ciclo actual.

En términos nominales, la facturación del sector parece haber crecido, pero al ajustar los números por la inflación promedio —que se situó en torno al 44,5% anual—, el resultado arroja un saldo negativo para casi todas las categorías. Los rubros que mostraron mayor resistencia apenas lograron empatar el incremento de precios, mientras que los más dinámicos, como la maquinaria agrícola, sufrieron el freno de la demanda del sector agropecuario por falta de financiamiento competitivo.

Perspectivas inciertas para el entramado productivo

El panorama para 2026 no asoma alentador. Los primeros indicadores del año muestran que la tendencia recesiva se mantiene, con caídas interanuales en la facturación que en febrero llegaron a rozar el 25%. El uso de la capacidad instalada se mantiene en niveles históricamente bajos, comparables únicamente con los períodos más agudos de la pandemia o la crisis de 2001.

El valor original de este informe reside en la detección de un cambio estructural: la industria de Rosario está perdiendo peso en el Producto Bruto Geográfico (PBG) de la provincia. Santa Fe, que históricamente fue el motor metalmecánico del país, observa cómo sus empresas exportaron en 2025 un 17,8% menos en volumen que hace dos años, perdiendo mercados externos frente a competidores internacionales con menores costos de producción.

La falta de políticas industriales activas y la ausencia de líneas de crédito productivo a tasas razonables son los principales reclamos que la dirigencia de AIM y la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) han elevado a las autoridades. Para los industriales, sin un cambio en la macroeconomía que priorice el valor agregado local, el 2026 podría marcar el fin de muchas unidades productivas que hoy subsisten al límite de su capacidad financiera.

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