
Investigadores del Conicet y el Instituto Malbrán evalúan si un compuesto derivado de algas rojas, utilizado con éxito durante la pandemia de Covid-19, puede actuar como barrera preventiva contra la cepa Andes.
El avance de la ciencia argentina frente a enfermedades endémicas sumó un capítulo clave esta semana. Un equipo multidisciplinario de científicos del Conicet, en colaboración con el Laboratorio Nacional de Referencia de Hantavirus del Instituto Malbrán, inició las pruebas de un spray nasal diseñado para reducir las probabilidades de contagio de hantavirus, una patología que mantiene en alerta constante a la región patagónica y zonas rurales del país.
La investigación se centra en la capacidad de ciertos compuestos para bloquear el ingreso del virus a través de las vías respiratorias, la principal puerta de entrada de la cepa Andes. El proyecto no parte de cero, sino que se apoya en la experiencia acumulada durante la crisis sanitaria del coronavirus, adaptando tecnologías de prevención que ya demostraron eficacia en contextos de alta exposición viral.
Aunque el estudio se encuentra actualmente en fase experimental, los primeros datos obtenidos en laboratorio generaron un marcado optimismo. De confirmarse su efectividad en humanos, este dispositivo representaría la primera herramienta de protección biológica directa para personas que deben ingresar a entornos de riesgo, como depósitos, galpones o zonas boscosas con presencia de roedores.
La tecnología detrás de las algas rojas
El núcleo de esta investigación es la carragenina, un polímero natural que se extrae de algas rojas. Este compuesto es ampliamente conocido en la industria farmacéutica y alimenticia por su seguridad y falta de toxicidad. Su función en el spray nasal no es la de un medicamento que cura, sino la de un escudo físico que impide que las partículas virales se adhieran a las células de la mucosa nasofaríngea.
Durante la pandemia de Covid-19, diversos estudios locales demostraron que el uso de este spray reducía significativamente la carga viral y la probabilidad de infección en personal de salud. Los científicos argentinos plantean ahora que la estructura molecular de la carragenina podría atrapar de manera similar los viriones del hantavirus, neutralizándolos antes de que inicien el proceso de replicación en el organismo.
La relevancia de este enfoque radica en su simplicidad y bajo costo. Al tratarse de un producto que ya cuenta con aprobaciones de organismos regulatorios para otros usos, los tiempos de implementación podrían ser mucho más breves que los de una vacuna o un tratamiento antiviral específico, los cuales todavía presentan desafíos complejos para esta enfermedad.
El riesgo de la cepa Andes y el factor humano
El hantavirus es una enfermedad zoonótica transmitida principalmente por el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). El contagio se produce generalmente por la inhalación de aerosoles cargados con el virus, presentes en la saliva, orina o heces de roedores infectados. Sin embargo, la cepa Andes posee una característica que la hace única en el mundo y particularmente peligrosa: la capacidad de transmitirse de persona a persona.
Este factor de contagio interhumano es lo que motiva la urgencia de encontrar barreras preventivas. En brotes anteriores, como el ocurrido en Epuyén, se observó cómo el contacto estrecho en ambientes cerrados facilitó la propagación del virus. Un spray nasal de acción inmediata podría funcionar como un elemento de bioseguridad adicional para familiares de pacientes o trabajadores de salud en zonas de brote.
"La prevención siempre fue el eslabón más débil en la lucha contra el hantavirus debido a la dificultad de controlar las poblaciones de roedores en áreas silvestres", explican fuentes cercanas al proyecto. El objetivo actual es determinar la concentración exacta de carragenina necesaria para inhibir la cepa Andes, que presenta una virulencia superior a otras variantes detectadas en el continente.
Antecedentes y proyecciones del estudio
La Argentina tiene una larga trayectoria en el estudio de esta enfermedad. Desde la identificación del virus en la década de los 90, el Instituto Malbrán ha sido pionero en la caracterización genética del patógeno. Los antecedentes de mortalidad por hantavirus en el país suelen oscilar entre el 20% y el 30%, una cifra extremadamente alta que obliga a las autoridades sanitarias a mantener protocolos de vigilancia estrictos.
El impacto social de este avance es significativo para las provincias de Río Negro, Chubut y Neuquén, pero también para Santa Fe y Buenos Aires, donde existen focos endémicos. La posibilidad de contar con un método preventivo no invasivo cambiaría la dinámica de trabajo en el campo, donde actualmente la única protección real es el uso de máscaras N95 y la ventilación extrema de espacios cerrados.
En las próximas etapas, los investigadores buscarán validar la duración del efecto protector del spray tras su aplicación. Se estima que, de mantener un comportamiento similar al observado contra otros virus respiratorios, el aerosol podría brindar una ventana de protección de varias horas, ideal para situaciones puntuales de exposición. Mientras tanto, el Ministerio de Salud recuerda que la limpieza con lavandina, el desmalezado y el sellado de viviendas siguen siendo las medidas fundamentales para evitar la convivencia con los reservorios del virus.

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