
El oficialismo presentó un proyecto de ordenanza para actualizar la normativa de 1991, con el objetivo de simplificar las habilitaciones y adaptar los requisitos a las nuevas disciplinas deportivas.
La fisonomía de los gimnasios y la forma en que los rosarinos realizan actividad física cambiaron drásticamente en las últimas tres décadas, pero la ley que los regula permaneció estática. Ante este desfasaje, el bloque Unidos presentó en el Concejo Municipal una iniciativa integral para derogar la ordenanza vigente desde 1991 y establecer un nuevo marco jurídico que promueva la formalidad del sector y facilite la apertura de nuevos establecimientos.
El proyecto, que ya comenzó a ser analizado en la comisión de Gobierno, es impulsado por el concejal Fabrizio Fiatti. La propuesta surge como una respuesta institucional a la acumulación de expedientes de excepción que llegaban al Palacio Vasallo. Durante años, muchos locales no lograban cumplir con requisitos técnicos pensados para una época en la que el fitness se limitaba a pesas tradicionales y salas de aeróbic, quedando al margen de la norma actual.
Simplificación administrativa y nuevas categorías de entrenamiento
Uno de los pilares de la reforma es la desburocratización del proceso de habilitación. Actualmente, el trámite suele ser farragoso y poco claro para los emprendedores del rubro. La nueva normativa busca establecer un sistema ágil que distinga las diferentes escalas de los establecimientos, permitiendo que los locales de menor envergadura o aquellos con prácticas de bajo impacto edilicio puedan obtener sus permisos con mayor celeridad.
"Detectamos que la regulación vigente quedó desactualizada frente al crecimiento del sector y la diversificación de prácticas que hoy conviven dentro de un gimnasio", explicó Fiatti. El edil remarcó que hoy existen modalidades como el entrenamiento funcional, el CrossFit, estudios de yoga o centros de pilates que la ordenanza de 1991 no alcanzaba a contemplar de forma específica, generando grises legales que dificultaban la inspección y el control.
La actualización no solo apunta a lo administrativo, sino también a las exigencias de infraestructura. Se prevé una revisión de los metros cuadrados requeridos, los sistemas de ventilación y las medidas de seguridad, adaptándolas a las exigencias del Código de Edificación moderno. Esto permitiría que locales que hoy funcionan bajo figuras precarias puedan regularizar su situación y acceder a seguros y coberturas de salud acordes a la actividad que prestan.
El impacto en la salud pública y el control profesional
Más allá de los ladrillos y los papeles, la propuesta pone el foco en la seguridad del usuario. Un punto central de la discusión en el Concejo será la obligatoriedad de la presencia de profesionales matriculados y la vigencia de los certificados médicos. La intención del oficialismo es que la norma no sea solo un manual de habilitación comercial, sino una herramienta de salud pública que garantice que quien asiste a un gimnasio lo haga en un entorno controlado y seguro.
Históricamente, la ordenanza de hace 35 años hacía hincapié en aspectos que hoy resultan obsoletos, mientras que omitía cuestiones vinculadas a la tecnología aplicada al deporte y los nuevos estándares de RCP y desfibriladores automáticos externos (DEA). El nuevo texto busca integrar estas obligaciones de manera taxativa, elevando el estándar de los servicios ofrecidos en la ciudad.
El debate legislativo que se avecina contará con la participación de diversas cámaras de gimnasios y asociaciones de profesionales de la educación física. El objetivo es que la versión final de la ordenanza sea el resultado de un consenso que fomente la inversión privada en el sector —un rubro que genera miles de puestos de trabajo en Rosario— sin descuidar el rol de contralor que debe ejercer el Estado municipal sobre espacios donde se pone en juego la integridad física de los vecinos.
Antecedentes de una norma que cumplió su ciclo
Para entender la necesidad de este cambio, es preciso observar el contexto de 1991, año en que se sancionó la norma actual. En aquel entonces, Rosario contaba con una oferta de gimnasios significativamente menor y las prácticas estaban muy segmentadas por género o tipo de ejercicio. Hoy, los gimnasios se han transformado en centros de bienestar integrales que operan muchas veces durante 16 o 24 horas al día, con un flujo de público masivo que la normativa de la década del 90 no pudo prever.
El acumulado de "excepciones" en el Concejo fue el termómetro definitivo. Cuando una ley requiere ser exceptuada sistemáticamente para que los comercios puedan funcionar, es una señal inequívoca de que la ley ha perdido vigencia. Con este movimiento, el oficialismo busca cerrar esa brecha y otorgar previsibilidad jurídica a un sector que, tras la pandemia, experimentó un resurgimiento en la demanda por parte de una ciudadanía cada vez más preocupada por el bienestar físico y mental.

📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.
📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.