
El pabellón argentino desafía los límites del material en la Bienal de Venecia
Con una fuerte presencia femenina y el trasfondo de los 50 años del último golpe militar, la muestra internacional abre sus puertas en Italia bajo el lema "Extranjeros en todas partes".
La 60ª edición de la Bienal de Venecia comenzó con una marcada agenda política y social, donde la delegación argentina cobró protagonismo a través de la obra de Luciana Lamothe. Bajo la curaduría de Adriano Pedrosa, el primer latinoamericano en dirigir la muestra, el evento se inauguró entre manifestaciones internacionales y una notable mayoría de artistas mujeres, consolidando un giro hacia la periferia y la identidad global.
El despliegue de Luciana Lamothe en el Arsenale
La representación oficial de Argentina recae este año en la artista mercedina Luciana Lamothe con su instalación "Ojalá se derrumben las puertas". La obra consiste en una megaestructura sinuosa de madera industrializada que ocupa la totalidad del pabellón argentino en los antiguos astilleros del Arsenale. Con dimensiones de 20 metros de largo y 4,5 de altura, la pieza invita al espectador a transitarla, desafiando la resistencia física de los materiales.
La propuesta de Lamothe se alinea con la temática central de la Bienal al explorar la vulnerabilidad y la fuerza de los cuerpos. El proyecto fue seleccionado entre más de 60 propuestas por un jurado que destacó su carácter performativo. Según la artista, la obra busca que el visitante entable un vínculo afectivo con la materia, evidenciando procesos de quiebre, quemado y tensión que reflejan la fragilidad de las estructuras sociales y políticas.
Memoria y democracia a 50 años del golpe
La participación argentina en esta edición no es puramente estética; carga con un peso histórico simbólico. En el marco de la conmemoración de los 50 años del último golpe de Estado en el país (1976-2026), diversas actividades y obras de la delegación evocan la importancia de la memoria y la defensa de la democracia. El concepto de "derrumbar las puertas" en la obra de Lamothe adquiere una lectura política sobre la apertura de espacios de libertad y el fin de los autoritarismos.
El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, encabezó la inauguración oficial junto a figuras destacadas como la artista Marta Minujín y el artista Matías Duville. La presencia institucional buscó ratificar el compromiso del país con el circuito cultural internacional en un contexto de revisión histórica y económica, resaltando que el arte contemporáneo es una herramienta fundamental para la construcción de la identidad nacional frente al mundo.
Protestas y paridad en una edición politizada
La apertura de la Bienal no estuvo exenta de incidentes. Grupos de activistas, incluyendo colectivos como FEMEN y Pussy Riot, realizaron protestas en los Giardini, particularmente frente al pabellón de Rusia, manifestándose contra la invasión a Ucrania y la represión artística. Estas acciones subrayaron la tensión permanente entre la expresión creativa y los conflictos geopolíticos que atraviesan la muestra de este año.
Por otro lado, esta edición marca un hito en términos de representación de género. Por primera vez, más del 50 por ciento de los participantes son artistas mujeres, una decisión consciente de la curaduría para visibilizar trayectorias históricamente relegadas. En este sentido, la destacada participación de la artista argentina "La Chola" Poblete —quien recibió una mención especial por su obra que cruza identidades queer y herencia indígena— refuerza el perfil inclusivo y diverso que Pedrosa imprimió a la exposición.
El impacto de la mirada sur en el escenario global
El título de la Bienal, "Stranieri Ovunque" (Extranjeros en todas partes), funciona como un paraguas para discutir la migración, la descolonización y la otredad. Para Argentina, esto se tradujo en una presencia que va más allá del pabellón oficial. Artistas como Mariana Tellería, con su obra "Dios es inmigrante", y Claudia Alarcón han contribuido a un relato que conecta el Sur Global con los centros de poder tradicionales.
"El término extranjero también refiere a lo distinto, lo raro y lo que está por fuera del mainstream", explicaron los organizadores. Esta visión ha permitido que el arte argentino sea leído no solo como una expresión regional, sino como una respuesta universal a los desafíos de la convivencia y la memoria histórica. La Bienal de Venecia permanecerá abierta hasta noviembre, proyectándose como el evento cultural más influyente del año con una afluencia récord de público y crítica especializada.

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