Milei busca cerrar el default de 2001: envía al Congreso el acuerdo con fondos residuales
El presidente Javier Milei firmó el proyecto de ley para cancelar la deuda con los últimos acreedores que aún litigan por el default de 2001.
Tras un cuarto de siglo de disputas legales, el Gobierno nacional ha decidido dar un paso definitivo para clausurar el capítulo más sombrío de la historia financiera argentina. El Poder Ejecutivo remitió al Congreso un acuerdo alcanzado con dos grupos de acreedores, conocidos como holdouts, que no habían ingresado a los canjes de 2005 y 2010 ni al acuerdo de 2016.
El entendimiento, que ya fue notificado a la jueza Loretta Preska en los tribunales de Manhattan, involucra un reclamo original que superaba los USD 600 millones.
Blindaje de activos y fin de los embargos en el exterior
Uno de los ejes centrales que motivó la aceleración de este acuerdo fue la creciente presión de los acreedores sobre bienes estratégicos de la Argentina. Los fondos demandantes, entre los que se encuentran grupos como Attestor y Bainbridge, habían solicitado ante la justicia neoyorquina el traspaso de acciones de empresas estatales emblemáticas como YPF, Aerolíneas Argentinas y el Banco Nación como forma de pago.
Con la firma de este convenio, las partes solicitaron formalmente la suspensión de la causa, lo que en términos prácticos congela cualquier intento de embargo inmediato.
"La aprobación parlamentaria es el paso clave para dar por terminado un conflicto que continuaba generando riesgos financieros para el país", señalaron desde el entorno presidencial.
El impacto de una deuda que atravesó siete presidencias
La deuda en cuestión proviene de la declaración de cese de pagos de diciembre de 2001, el mayor default de la historia moderna en aquel momento. A pesar de que la Argentina logró una aceptación superior al 95% en sus sucesivos canjes de deuda, un pequeño remanente de bonistas —los denominados fondos buitre— optó por la vía judicial.
A diferencia del masivo pago realizado en 2016 bajo la gestión de Mauricio Macri, esta vez el universo de acreedores es mucho más acotado. Sin embargo, la persistencia de estos litigios actuaba como un ruido constante en las presentaciones que los abogados del país deben realizar periódicamente ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
Para la actual gestión, este movimiento se alinea con la narrativa de "ordenamiento macroeconómico" y cumplimiento de compromisos. El equipo económico considera que el costo de oportunidad de no pagar —estimado en el crecimiento exponencial de los intereses y las costas legales— es mucho mayor que el desembolso previsto en el proyecto de ley enviado al Parlamento.
Desafíos legislativos y el camino hacia el déficit cero
El ingreso del proyecto al Congreso abre ahora un nuevo escenario de debate político. El oficialismo deberá negociar con los bloques de la oposición dialoguista para obtener los votos necesarios. El argumento central será la eficiencia fiscal: el Gobierno explicará que saldar esta deuda con una quita significativa es más coherente con el objetivo de déficit cero que permitir que el litigio siga engrosando el stock de deuda flotante.
El acuerdo contempla dos grupos principales: uno liderado por Attestor (junto a otros fondos como Trinity y White Hawthorne) con un reclamo que ascendía a los USD 500 millones, y otro encabezado por Bainbridge por unos USD 95 millones.
Con esta decisión, Javier Milei busca enviar una señal de previsibilidad a Wall Street en un momento donde la acumulación de reservas y la salida del cepo cambiario están en el centro de la agenda económica. La premisa oficial es clara: no puede haber un país normal con deudas pendientes de hace un cuarto de siglo.


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