El debate sobre la planificación urbana y la libre competencia se instaló con fuerza en Rosario. Una propuesta para que el Estado regule la instalación de nuevos comercios gastronómicos generó un duro cruce de visiones entre quienes denuncian una "saturación del mercado" y quienes defienden el derecho a emprender sin intervención política.
El origen del conflicto: ¿Mercado saturado o falta de innovación?
La Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario (Aehgar) encendió la mecha al plantear la necesidad de un ordenamiento territorial. Según la entidad, la ciudad atraviesa un fenómeno de oferta homogénea, especialmente visible en el auge de las cafeterías de especialidad, que a menudo se amontonan en pocos metros de distancia.
Con el consumo en caída y los costos operativos en alza, desde Aehgar sostienen que la competencia excesiva en rubros idénticos perjudica la rentabilidad general. Sin embargo, esta postura encontró una resistencia inmediata en otros sectores de la industria que ven en la regulación una amenaza directa a la libertad de comercio.
Las críticas del sector: "Empresarios que no quieren competir"
Uno de los referentes que salió al cruce de la iniciativa fue Reinaldo Bacigalupo, del Grupo 83 y miembro de la Unión Gastronómica de Rosario (Ugar). El empresario fue tajante al calificar la propuesta como una lógica proteccionista que busca cerrar el mercado para beneficiar a los actores ya establecidos.
"La raíz del problema es siempre la misma: empresarios que no quieren competir y buscan que el Estado restrinja la entrada de nuevos jugadores", afirmó Bacigalupo. Para el dirigente, el éxito de un negocio debe depender exclusivamente de la calidad del servicio y no de una habilitación estatal discrecional.
El riesgo de la discrecionalidad y el "modelo europeo"
La polémica también hizo foco en las consecuencias institucionales de una posible normativa. Los críticos advierten que cualquier sistema de cupos o distancias mínimas abriría la puerta a la corrupción y al favoritismo. "Lo peor que le puede pasar a la ciudad es que tengas que ser amigo del político de turno para abrir un negocio", sentenció el referente de Ugar.
En el sector comparan la situación con ciudades europeas como Madrid o Barcelona, donde las restricciones son más severas. No obstante, advierten que ese modelo no es trasladable a la realidad local, donde la gastronomía es una de las pocas actividades con barreras de entrada bajas que permite el surgimiento de pequeños emprendedores familiares.
El impacto en el consumidor y el fantasma de Leningrado
Otros referentes del sector, que prefirieron mantener el anonimato, calificaron la idea de regular la oferta como una "solución soviética" que terminaría por bajar la calidad de la propuesta rosarina. Aseguran que la competencia actual, aunque feroz, obliga a los dueños de locales a elevar la vara para sobrevivir.
De avanzar una regulación de este tipo, los gastronómicos advierten sobre un posible "corrimiento geográfico". Señalan que los inversores podrían migrar a localidades vecinas como Funes, dejando a Rosario con una oferta empobrecida y menos incentivos para la innovación. Por ahora, la discusión sigue abierta, exponiendo una grieta profunda sobre cuál debe ser el rol del Estado en el desarrollo económico de la ciudad.


📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.
📝 ¡Gracias por tu lectura!
Tu feedback no solo mejora el contenido, sino que también inspira a otros lectores.