El Gobierno nacional dio un paso sustancial en su política exterior al concretar la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con los Estados Unidos. La maniobra diplomática y económica tuvo lugar en Washington, consolidando el alineamiento de la Casa Rosada con la administración norteamericana.
La confirmación de la rúbrica llegó a través de Pablo Quirno, quien representó a la delegación argentina en la capital estadounidense. Este convenio busca establecer un marco legal previsible que fomente el flujo de capitales y el intercambio de bienes entre ambas naciones.
Reducción de barreras y apertura
Uno de los ejes centrales del tratado es la eliminación de barreras no arancelarias. Estas restricciones suelen funcionar como trabas burocráticas y técnicas que, en la práctica, dificultan el ingreso de productos nacionales al mercado norteamericano.
Con este nuevo instrumento, se espera agilizar los procesos de validación sanitaria y normativa. El objetivo es permitir una inserción más dinámica de la oferta exportable argentina, reduciendo costos operativos y tiempos de espera en las aduanas de destino.
Sectores clave beneficiados
El acuerdo pone el foco en industrias estratégicas para el desarrollo local. Entre los rubros más destacados se encuentran los medicamentos, la tecnología y el complejo agroindustrial, que podrían acceder con mayores facilidades y previsibilidad a la plaza estadounidense.
Esta iniciativa se inscribe dentro de una estrategia más amplia de desregulación y apertura comercial impulsada por el Ejecutivo. La meta final apunta a atraer inversiones genuinas y mejorar la competitividad de las empresas argentinas en el escenario global.


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