El calendario laboral de 2026 ha comenzado con un clima de alta fricción en las mesas de negociación salarial. Lejos de un acuerdo rápido, el inicio de las paritarias muestra una postura inflexible por parte de los principales sindicatos del país: el objetivo ya no es solo empatarle al índice de precios, sino lograr una recuperación real del poder adquisitivo perdido durante el último año.
Reclamos por encima del IPC
Los líderes sindicales han manifestado que las proyecciones inflacionarias del Gobierno para el primer trimestre no coinciden con la realidad en las góndolas. En este contexto, gremios de peso como Comercio, Bancarios y Camioneros buscan cerrar acuerdos cortos —trimestrales o mensuales— con porcentajes que superen la inflación acumulada.
La premisa es clara: no aceptar techos salariales. Desde las centrales obreras advierten que cualquier pauta que se limite a replicar el IPC pasado consolidaría la caída del salario real sufrida en 2025.
La postura empresarial y el Gobierno
Del otro lado del mostrador, las cámaras empresariales piden cautela. Advierten que convalidar aumentos excesivos podría trasladarse inmediatamente a los precios, retroalimentando la espiral inflacionaria que el equipo económico intenta contener. El Gobierno, por su parte, intenta mediar para evitar que la conflictividad escale y derive en medidas de fuerza que paralicen sectores clave de la producción.
Un verano caliente para la economía
Las próximas semanas serán determinantes. Si no hay acercamiento en las pretensiones de las partes, se anticipa un febrero con posibles paros y movilizaciones. La discusión salarial de 2026 no es solo técnica, sino que se ha transformado en el principal termómetro social del año en curso.

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