La publicación de una nueva pirámide nutricional en los Estados Unidos encendió las alarmas en la comunidad médica y académica. El esquema, impulsado bajo la gestión de Donald Trump, propone un giro radical al priorizar el consumo de proteínas y grasas, reduciendo drásticamente los hidratos de carbono y eliminando los azúcares agregados. Sin embargo, lo que se presenta como una "revolución" para combatir la obesidad es cuestionado por especialistas que advierten sobre inconsistencias científicas y un fuerte componente de marketing político.
Proteínas y grasas: el eje de la discordia
La nueva guía estadounidense sugiere una ingesta de proteínas de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal, lo que representa casi el doble de los estándares previos. Si bien el objetivo declarado es preservar la masa muscular y controlar el apetito, los expertos locales señalan que la recomendación es demasiado generalizada.
"La nueva guía nutricional de Estados Unidos es una farsa, llena de contradicciones. No es ninguna revolución científica: es marketing político", sentenció Ezequiel Vedrovnik, diplomado en nutrición deportiva. El especialista criticó que se intente presentar como novedad algo que ya estaba en discusión y advirtió sobre la falta de profundidad en el análisis de quienes celebran la medida sin leer la letra chica.
Uno de los puntos más críticos es la falta de distinción entre los tipos de lípidos. Al fomentar el consumo de grasas a través de carnes, huevos y lácteos enteros sin establecer límites claros, se corre el riesgo de aumentar la ingesta de grasas saturadas. "¡No es lo mismo consumir palta, frutos secos o aceite de oliva que manteca! Confunden a la población", explicó la licenciada Karina Sahd, magíster en diabetes.
El impacto en la salud cardiovascular y el consumo de huevos
La propuesta fomenta la idea de que se pueden sumar a la dieta diaria alimentos como el huevo de forma ilimitada. Según Sahd, aunque el huevo posee múltiples beneficios, su consumo debe ajustarse al estado de salud de cada persona y no basarse en recomendaciones genéricas que ignoran el historial clínico individual.
Por otro lado, la nueva pirámide estadounidense se presenta como "invertida" respecto a la que se utiliza tradicionalmente en Argentina. Mientras la guía norteamericana pone el acento en fuentes animales y vegetales de proteína, los especialistas locales insisten en que el consumo elevado de grasas saturadas tiene una evidencia científica contundente que lo vincula con problemas cardiovasculares.
"Muchos especialistas salieron a hablar viendo las imágenes solamente sin leer las recomendaciones, lo que lleva a pensar que las grasas saturadas son lo mejor cuando el consumo elevado está relacionado con problemas cardiovasculares", remarcó Vedrovnik.
¿Una solución real para un ambiente obesogénico?
Si bien la comunidad médica coincide en que es positivo declarar la "guerra" a los ultraprocesados y las harinas refinadas, también señalan que estas recomendaciones chocan con la realidad socioeconómica. En Estados Unidos, los productos ultraprocesados suelen ser los más económicos y publicitados, lo que dificulta el acceso a "comida real" para los sectores más vulnerables.
A modo de cierre, los profesionales recuerdan que las pirámides nutricionales deben ser herramientas educativas adaptadas a la cultura y el entorno de cada población. Una guía que ignora el contexto, el momento biológico o el nivel de actividad física de los ciudadanos corre el riesgo de convertirse en una moda peligrosa antes que en una política de salud pública efectiva.


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