El presidente Javier Milei concretó este sábado en Asunción uno de los hitos más esperados de la diplomacia sudamericana: la firma del Acuerdo de Asociación Estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea. En una ceremonia cargada de simbolismo en la capital paraguaya, el mandatario argentino selló el pacto que liberaliza el comercio entre ambos bloques, marcando un punto de inflexión en la política exterior de la región tras más de dos décadas de idas y vueltas.
Un cambio de época para el comercio exterior
El evento, organizado bajo la presidencia pro tempore del paraguayo Santiago Peña, reunió a la cúpula política de ambos continentes, incluyendo a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Para Milei, la rúbrica no fue solo un acto protocolar, sino la validación de su agenda de apertura económica.
Durante su intervención, el jefe de Estado argentino celebró el fin del "aislacionismo crónico" y destacó que el tratado abre un mercado de más de 700 millones de consumidores. "El proteccionismo nos ha empobrecido; la libertad de comercio es el único camino hacia la prosperidad", sentenció Milei ante el auditorio del Banco Central del Paraguay, diferenciándose tajantemente de las gestiones anteriores que dilataron el cierre del trato.
La ausencia de Lula y el pragmatismo regional
La foto oficial tuvo una ausencia notoria: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no viajó a Asunción, enviando en su lugar al canciller Mauro Vieira. Si bien Lula se reunió previamente con las autoridades europeas en Brasilia, su inasistencia al acto central expone las tensiones ideológicas que persisten dentro del bloque sudamericano, pese al pragmatismo comercial que finalmente permitió el acuerdo.
Quien sí estuvo presente fue el flamante presidente uruguayo, Yamandú Orsi, quien coincidió con Milei y Peña en la necesidad de modernizar el Mercosur para que deje de ser un "corsé" y se convierta en una plataforma de lanzamiento al mundo.
Qué implica el acuerdo "histórico"
El documento firmado elimina aranceles para más del 90% de los bienes comercializados entre ambas regiones. Para la Argentina, esto representa una oportunidad crítica para sectores como la agroindustria y la energía, aunque plantea desafíos de competitividad para la industria manufacturera local, que deberá adaptarse a los nuevos estándares europeos.
Ahora comienza una nueva carrera contra el tiempo: la ratificación parlamentaria. Aunque el acuerdo político está cerrado, la implementación definitiva dependerá de la aprobación en los congresos nacionales y el Parlamento Europeo, donde sectores agrícolas de países como Francia aún mantienen una férrea resistencia.

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