El sector industrial de la provincia de Santa Fe atraviesa horas de máxima tensión tras la paralización de la planta de Quickfood, empresa líder en la producción de las emblemáticas hamburguesas Paty. La decisión de la firma, propiedad del gigante brasileño Marfrig, dejó en una situación de vulnerabilidad extrema a 450 trabajadores, quienes se encuentran a la espera de definiciones sobre la continuidad de sus puestos laborales en medio de una crisis que golpea al consumo interno.
Incertidumbre laboral y cese de actividades
La planta ubicada en la localidad de San Jorge dejó de operar esta semana, activando todas las alarmas en la comunidad local y en el Sindicato de la Carne. Según delegados gremiales, la empresa argumentó que la medida se debe a una fuerte caída en la demanda y a la necesidad de reestructurar costos operativos. "Estamos en la calle esperando una respuesta que no llega; para nosotros no es solo una marca, es el sustento de cientos de familias", expresaron trabajadores en la puerta de la fábrica.
El cierre temporal de las instalaciones no solo afecta a los empleados directos, sino que genera un impacto sistémico en San Jorge, una ciudad cuya economía depende en gran medida de la actividad frigorífica. Hasta el momento, la compañía no ha emitido un comunicado oficial que confirme si se trata de un cierre definitivo o de una suspensión prolongada de tareas para ajustar stock.
El impacto de la caída del consumo masivo
La situación de Paty no es un hecho aislado, sino que refleja la retracción del mercado doméstico. Durante el último año, el consumo de carne vacuna y derivados procesados en Argentina registró niveles históricamente bajos, afectados por la pérdida del poder adquisitivo y el cambio en los hábitos de compra. "Los costos de producción subieron y las ventas de productos con valor agregado fueron las primeras en resentirse", explican analistas del sector agroindustrial.
A esta coyuntura se suma la estrategia regional de Marfrig, que ha estado reordenando sus activos en el Cono Sur. Mientras la empresa mantiene operaciones en otras plantas del país especializadas en exportación, la unidad de San Jorge, enfocada mayoritariamente en el mercado local, quedó en el centro de la tormenta económica.
Negociaciones a contrarreloj en el Ministerio
Frente a la gravedad del conflicto, representantes del sindicato y directivos de la empresa tienen previsto reunirse con autoridades del Ministerio de Trabajo. El objetivo principal es establecer un esquema de garantías para que los trabajadores perciban sus salarios mientras se define el futuro de la planta. "No vamos a permitir que 450 familias queden en la calle sin que se agoten todas las instancias de diálogo", advirtieron desde la conducción gremial.
El destino de un ícono de la mesa argentina sigue en el aire. La resolución de este conflicto será un termómetro clave para el resto de la industria cárnica, que observa con preocupación cómo la crisis del consumo local comienza a desmantelar estructuras de producción que parecían inamovibles.


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