Alerta sanitaria: el consumo de azúcares en Argentina duplica el límite máximo recomendado

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La situación nutricional en Argentina atraviesa un momento crítico. Un reciente informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) reveló que los ciudadanos consumen una cantidad de azúcares añadidos que supera ampliamente los estándares internacionales de salud. Según el documento, este excedente no proviene del azúcar que se agrega al café o al mate en el hogar, sino que está "oculto" en una vasta gama de productos industriales.

El impacto de los productos ultraprocesados

El estudio destaca que el consumo promedio de azúcares libres en el país duplica el límite del 10% de la ingesta calórica total sugerido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo más preocupante para los especialistas es el origen de estos componentes: más del 60% de la ingesta de azúcar proviene de productos ultraprocesados, como gaseosas, jugos industriales, snacks dulces y panificados de producción masiva.

“Estamos ante un escenario donde la población consume azúcares sin ser plenamente consciente de ello, debido a la sofisticación de los productos ultraprocesados”, detallan los expertos. Esta tendencia está directamente vinculada al incremento de enfermedades crónicas no transmisibles, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y diversas patologías cardiovasculares que afectan a rangos etarios cada vez más jóvenes.

El rol clave del Etiquetado Frontal

Frente a este panorama, la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida popularmente como Ley de Etiquetado Frontal, cobra una relevancia fundamental. Los sellos negros de "Exceso en Azúcares" funcionan como la primera barrera de advertencia para el consumidor. Sin embargo, el informe advierte que aún falta un largo camino en materia de educación alimentaria para que la población logre sustituir estos productos por opciones naturales.

“La efectividad de la ley depende de que el consumidor entienda que el sello no es una prohibición, sino una herramienta de información para elegir mejor”, explican los nutricionistas. Los datos reflejan que, a pesar de la presencia de los octógonos, el patrón de consumo argentino sigue muy inclinado hacia productos con bajo valor nutricional y alta densidad energética, especialmente en los sectores más vulnerables de la sociedad.

Consecuencias a largo plazo y políticas públicas

La brecha entre las recomendaciones de salud y la realidad alimentaria local plantea un desafío para las políticas públicas futuras. El estudio de CEPEA sugiere que no basta con advertir, sino que es necesario incentivar el consumo de alimentos frescos y mínimamente procesados, como frutas, verduras y legumbres, que actualmente tienen una participación minoritaria en la mesa de los argentinos.

El panorama se vuelve más complejo al analizar el impacto en la población infantil, donde los índices de exceso de peso en Argentina se encuentran entre los más altos de la región. Reducir el consumo de azúcares añadidos no es solo una cuestión de estética o peso, sino una urgencia sanitaria para evitar el colapso de los sistemas de salud debido a las complicaciones derivadas de una mala nutrición. 

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