El optimismo inicial de la campaña agrícola ha dado paso a la cautela. Tras un arranque prometedor, las condiciones climáticas de las primeras semanas de enero han encendido las luces de alarma en el corazón productivo del país. El regreso de las altas temperaturas, combinado con un drástico freno en el régimen de precipitaciones, está comenzando a deteriorar el estado de los cultivos de verano en la región central, poniendo en jaque las proyecciones de rendimientos récord que se manejaban hasta diciembre.
Un enero con déficit hídrico crítico
Los datos meteorológicos recientes confirman un escenario preocupante: durante la primera quincena del mes, la región núcleo recibió un 48% menos de lluvias en comparación con los promedios históricos. Mientras que la media estadística para este período ronda los 60 milímetros, los registros actuales apenas alcanzan un promedio de 13 milímetros. En zonas puntuales, como el sudeste de Córdoba, los pluviómetros marcaron cero, agravando la situación de los perfiles de suelo.
Los análisis agronómicos indican que las reservas de agua a un metro de profundidad han retrocedido a niveles de "escasez" o "sequía". Solo áreas muy focalizadas, beneficiadas por tormentas aisladas, mantienen condiciones regulares, mientras que el grueso del norte bonaerense y el sur de Santa Fe enfrentan un estrés hídrico creciente justo en momentos decisivos para la definición de rendimientos.
El impacto en el maíz y la soja
El cambio abrupto en el clima ha obligado a recortar las estimaciones de producción. En el caso del maíz, si bien se espera un volumen superior al del ciclo anterior —proyectando unas 14,8 millones de toneladas en la zona núcleo—, esta cifra ya se ubica por debajo de las 15,5 millones que se pronosticaban al inicio de la siembra. La interrupción de las lluvias desde finales de diciembre golpeó al cereal temprano en plena etapa de llenado de granos, frustrando la posibilidad de alcanzar techos productivos históricos.
Por su parte, la soja también acusa recibo del estrés térmico. Los relevamientos técnicos muestran un deterioro en la calidad de los lotes: la proporción de cuadros calificados como "excelentes" o "muy buenos" ha caído significativamente. La oleaginosa de primera sufre por la falta de agua, y aunque la de segunda transita etapas de menor demanda hídrica, la falta de humedad en los perfiles comienza a limitar su desarrollo vegetativo.
Incertidumbre económica pese a las proyecciones
A pesar de este desafortunado giro climático, las proyecciones macroeconómicas para el ciclo actual siguen siendo elevadas en términos históricos, con una estimación de cosecha total de granos que podría superar las 154 millones de toneladas a nivel nacional. Esto implicaría un ingreso de divisas por exportaciones cercano a los 36.800 millones de dólares.
Sin embargo, los especialistas advierten que estos números son todavía preliminares. La volatilidad climática agrega un componente de incertidumbre no menor: si las precipitaciones no se reactivan en el corto plazo, especialmente para socorrer a la soja en sus etapas críticas y al maíz tardío en el sur de Córdoba, el recorte de las estimaciones podría profundizarse, afectando el flujo de agrodólares esperado para los próximos meses.

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