Zamora y el PJ ratifican su acuerdo para mantener el control de los municipios en Santiago del Estero

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El Frente Cívico y el Partido Justicialista competirán con listas propias en 25 localidades pero bajo un pacto de gobernabilidad que neutraliza a la oposición.

La alianza política que comandan el gobernador Gerardo Zamora y el senador nacional José Emilio “Pichón” Neder pondrá a prueba su ingeniería electoral el próximo 2 de agosto, cuando se lleven a cabo las elecciones municipales en 25 localidades de Santiago del Estero. El oficialismo provincial ratificó un esquema de competencia controlada que, lejos de fragmentar el poder, consolida la hegemonía territorial del Frente Cívico y del Partido Justicialista (PJ) frente a una oposición fragmentada y sin capacidad de despliegue en el interior.

Este modelo de construcción política, que lleva más de dos décadas de vigencia en la provincia norteña, permite que ambas fuerzas presenten candidatos propios en las categorías de intendentes y concejales. Sin embargo, la rivalidad en las urnas no altera el acuerdo programático de fondo: independientemente de cuál de los dos sectores resulte ganador en cada distrito, el triunfo permanece dentro de la misma estructura de poder que conduce los destinos de la provincia de manera ininterrumpida desde 2005.

La ingeniería de la competencia controlada en 25 localidades

El llamado a las urnas para el primer domingo de agosto reactivó las maquinarias electorales de los principales municipios santiagueños, entre los que se destacan la capital provincial, La Banda, Termas de Río Hondo y Frías. En cada uno de estos distritos, el Frente Cívico —una confluencia de radicales tradicionales, fuerzas provinciales y sectores independientes— y el PJ estructuraron listas competitivas que reflejan las realidades de cada región, evitando que las disputas locales escalen hacia un quiebre de la conducción centralizada.

La estrategia de atomizar la oferta electoral oficialista funciona como un imán para el electorado independiente y debilita la capacidad de acumulación de los partidos de la oposición, como Juntos por el Cambio o La Libertad Avanza, que carecen de inserción en los departamentos rurales. Al ofrecer dos opciones competitivas de origen común, el zamorismo se asegura capturar la mayoría de las bancas en los concejos deliberantes, reduciendo la representación de las minorías opositoras a niveles testimoniales.

El rol clave de Gerardo Zamora y Pichón Neder en el territorio

El gobernador Gerardo Zamora ha mantenido una centralidad absoluta en el diseño de esta estrategia, combinando una gestión de fuerte impronta en la obra pública con un control estricto de las finanzas provinciales. Desde el Ejecutivo se coordina la distribución de recursos hacia las intendencias, garantizando que los alcaldes alineados cuenten con el respaldo necesario para mostrar realizaciones antes del inicio de la veda electoral.

Por su parte, José Emilio Neder aporta la estructura orgánica del peronismo santiagueño, un aparato territorial que mantiene una fuerte disciplina en los barrios populares y las ligas agrarias del interior profundo. La complementariedad entre ambos líderes ha permitido amortiguar los efectos de las sucesivas crisis económicas nacionales, presentando a la provincia como un oasis de estabilidad política y previsibilidad institucional que se convalida en cada turno electoral.

Los antecedentes de un modelo hegemónico que neutraliza a la oposición

Para comprender el arraigo de este pacto político es necesario remontarse a la intervención federal de 2004, que puso fin al régimen de Carlos Juárez. Tras el colapso del juarismo, Zamora y Neder entendieron que la única forma de garantizar la gobernabilidad y evitar la intervención de Buenos Aires era mediante una coalición transversal que superara las identidades partidarias tradicionales de la Unión Cívica Radical y el Justicialismo.

Desde la primera victoria electoral en 2005, el Frente Cívico ha ganado todas las elecciones gubernamentales con porcentajes que habitualmente superan el 60% de los votos válidos emitidos. El sistema de acoples y colectoras, sumado a la estrategia de competir por separado en las elecciones municipales pero unidos en las nacionales y provinciales, convirtió a Santiago del Estero en una de las provincias con menor índice de alternancia política del mapa argentino.

Impacto económico de la estabilidad política y la obra pública municipal

El control de los municipios no solo garantiza el manejo del empleo público local —un dinamizador clave de la economía provincial—, sino que también viabiliza la continuidad de planes habitacionales y viales financiados con fondos provinciales. Las intendencias santiagueñas funcionan como terminales de ejecución de programas nacionales y provinciales, lo que genera una dependencia directa de las comunas respecto del humor del Ministerio de Economía de la provincia.

Los analistas políticos locales coinciden en que la oposición enfrenta un desafío casi imposible ante la densa red de contención social y política construida por el oficialismo. Sin figuras de peso territorial y con dificultades para fiscalizar las mesas en los departamentos alejados de la capital, las fuerzas de la oposición centran sus expectativas en lograr alguna minoría en los concejos deliberantes de las ciudades más densamente pobladas, donde el voto es tradicionalmente menos orgánico.

Proyección hacia los comicios de agosto y el escenario post-electoral

La campaña hacia el 2 de agosto se desarrollará en un contexto nacional complejo, marcado por las tensiones entre las provincias y el Gobierno Federal por la coparticipación y la obra pública. En ese marco, Zamora buscará utilizar el resultado de las elecciones municipales como una demostración de fuerza y de respaldo popular hacia su gestión, consolidando su posición como uno de los gobernadores con mayor peso político dentro del bloque del Norte Grande.

Una vez que se conozcan los escrutinios definitivos, la expectativa está puesta en cómo se reconfigurarán los gabinetes municipales y el propio esquema de poder provincial de cara a los desafíos legislativos del próximo año. El pacto entre el Frente Cívico y el PJ no contempla fisuras en el corto plazo; por el contrario, los operadores de ambos sectores ya trabajan en la letra chica de los acuerdos de gobernabilidad que se firmarán a partir del 3 de agosto, asegurando que el poder real en Santiago del Estero permanezca inalterable.



De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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