Privatización vial: Rutas Sur Atlántico SA toma el control de la Riccheri por 20 años

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Privatización vial: Rutas Sur Atlántico SA toma el control de la Riccheri por 20 años

El Gobierno nacional oficializó el traspaso de 1.871 kilómetros de rutas a consorcios privados bajo un modelo que elimina de forma definitiva los subsidios estatales de mantenimiento.

El gobierno de Javier Milei concretó un paso decisivo en su programa de reformas estructurales al formalizar el traspaso a manos privadas de un paquete de casi 1.900 kilómetros de corredores viales nacionales. A través de la firma de contratos correspondientes a la denominada Etapa II-A de la Red Federal de Concesiones, el consorcio Rutas Sur Atlántico SA asumió la explotación, operación y mantenimiento de la Autopista Riccheri y de los principales accesos del sur bonaerense por un período de 20 años, inaugurando un esquema donde el sector privado absorbe el riesgo financiero sin financiamiento público.

La medida representa un hito en la estrategia del Ministerio de Economía para desmantelar la estructura deficitaria de la empresa estatal Corredores Viales SA, bajo los lineamientos fijados a inicios del período presidencial mediante el decreto 97/2025 de disolución y liquidación de firmas estatales. Con esta adjudicación, el Palacio de Hacienda busca cortar la transferencia directa de fondos del Tesoro nacional para el bacheo y mantenimiento básico de calzadas, derivando los costos y la ejecución de obras viales complementarias de manera exclusiva a la recaudación por peajes.

Los corredores estratégicos que pasan a la administración privada

La licitación pública, que se resolvió sin impugnaciones técnicas en los sobres económicos, dividió la traza en dos sectores diferenciados para facilitar la operatividad. El bloque principal, denominado "Tramo Sur-Atlántico-Acceso Sur", quedó bajo la órbita de la unión de empresas Rutas Sur Atlántico SA —integrada por las constructoras Concret Nor SA, Marcalba SA, Pose SA y Coarco SA—. Este corredor abarca 1.325 kilómetros que incluyen la Autopista Riccheri desde la Avenida General Paz hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, la autopista Jorge Newbery (Ezeiza-Cañuelas), y las rutas nacionales 3, 205 y 226.

Por otro lado, el "Tramo Pampa" fue asignado al operador Corredor Vial 5 SAU (impulsado por Construcciones Electromecánicas del Oeste SA), el cual contempla 546 kilómetros de la Ruta Nacional 5, uniendo la localidad bonaerense de Luján con Santa Rosa, en la provincia de La Pampa. Ambas adjudicaciones abarcan trazas de alta densidad de circulación de camiones y transporte pesado, consideradas por la actual administración como neurálgicas para la competitividad agroindustrial, la logística portuaria de Mar del Plata y Bahía Blanca, y la conectividad de los centros urbanos más poblados del país.

El rechazo a la oferta de Buenos Aires y la tensión con las provincias

La definición del proceso licitatorio sumó un capítulo de fuerte tensión política entre el Gobierno nacional y la administración de la provincia de Buenos Aires, comandada por Axel Kicillof. Durante las etapas preliminares del concurso, la firma estatal bonaerense Autopistas de Buenos Aires SA (AUBASA) había presentado una propuesta formal para asumir las riendas operativas de este cordón estratégico, fundamentando su viabilidad en los balances de superávit de la Autopista Buenos Aires-La Plata y el Corredor del Atlántico.

Sin embargo, el Ministerio de Economía de la Nación desestimó la postulación de la operadora pública, argumentando que el espíritu de la Red Federal de Concesiones prioriza la inversión de capitales estrictamente privados e impide la intervención de agencias estatales subnacionales en redes federales. El rechazo generó críticas por parte del Ministerio de Infraestructura bonaerense, donde advirtieron que el modelo de privatización por peaje directo podría encarecer las tarifas logísticas sin asegurar la realización de las obras viales de ampliación que reclaman los usuarios en tramos críticos como la Ruta Nacional 3.

El nuevo esquema de financiamiento vial sin aportes del Estado

La clave diferencial de este modelo de concesión a 20 años radica en la eliminación absoluta de los subsidios cruzados y los fondos de garantía que caracterizaron a los contratos de la década de 1990 y los posteriores esquemas de participación público-privada. A partir de la toma de posesión, las firmas adjudicatarias deben costear los servicios de grúas, ambulancias, repavimentación y señalización con el flujo de caja propio de las estaciones de peaje, quedando habilitadas además para explotar comercialmente áreas de servicios colindantes y actividades logísticas complementarias.

"Este nuevo modelo reemplaza esquemas concesionados que requerían aportes del Estado nacional para su funcionamiento y promueve una gestión más eficiente", argumentaron desde la Secretaría de Transporte tras la rúbrica de los contratos. Los parámetros contractuales estipulan que las empresas deberán mantener estándares específicos de fricción de asfalto, corte de banquinas e iluminación en los accesos urbanos, bajo la penalización de rescisión directa del contrato si se constatan desvíos graves en las auditorías de Vialidad Nacional, configurando un marco regulatorio estricto para proteger la seguridad vial.



De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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