Alerta cambiaria: el salto del dólar en junio enciende alarmas para el plan de Milei

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Alerta cambiaria: el salto del dólar en junio enciende alarmas para el plan de Milei

La aceleración de las cotizaciones mayorista y financieras dobla la inflación estimada para el mes, quiebra la estabilidad del primer cuatrimestre y abre interrogantes sobre la inflación y el escenario electoral de 2027.

El esquema macroeconómico del Gobierno ingresó en una fase de revisión obligada debido a la persistente volatilidad cambiaria que alteró la calma financiera del primer cuatrimestre. Luego de un periodo de relativa estabilidad que se extendió hasta mediados de abril, las cotizaciones del dólar aceleraron su ritmo de actualización durante junio, consolidando una tendencia alcista que duplica la evolución general de los precios y reconfigura los parámetros de discusión en el Palacio de Hacienda.

El movimiento de las divisas, seguido con extrema atención por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, quiebra la inercia de los meses previos, en los cuales el tipo de cambio oficial funcionaba como el principal ancla contra la suba de precios. La velocidad de este reajuste en los mercados financieros y en el circuito informal no solo amenaza con presionar sobre los índices de precios del próximo bimestre, sino que introduce variables de incertidumbre en el mediano plazo que los analistas ya leen en clave de gobernabilidad de cara al horizonte electoral de 2027.

El fin del cuatrimestre plano y el cambio de velocidad en los mercados

La tranquilidad del mercado de cambios que caracterizó el inicio de 2026 comenzó a disiparse a partir de la segunda quincena de abril, pero fue en las últimas semanas de junio donde el proceso adquirió una dinámica vertiginosa. El dólar mayorista, regulado por el Banco Central, avanzó de forma sistemática hasta posicionarse en la zona de los $1.470, registrando un incremento acumulado superior al 5% en lo que va del mes, una cifra que contrasta de manera nítida con la inflación proyectada por las consultoras privadas para el mismo período, estimada en un rango de entre el 1,9% y el 2,1%.

Este descalce técnico implica que, por primera vez en la gestión actual, el billete verde abandonó la zaga de la carrera contra los precios domésticos para colocarse a la vanguardia de las subas. Las variantes financieras de la moneda extranjera operaron en consonancia con esta tendencia: el dólar MEP perforó la barrera psicológica de los $1.500, mientras que el Contado con Liquidación (CCL) escaló hasta los $1.550, un comportamiento que los operadores bursátiles atribuyen a una menor liquidación de divisas por parte del sector agroexportador y a la persistente incertidumbre sobre la velocidad del desarme de los pasivos remunerados.

La presión también se trasladó al segmento informal, donde el denominado dólar "blue" tocó un techo histórico de $1.530 antes de registrar una leve toma de ganancias que lo estabilizó en torno a los $1.515 en las ruedas de cierre de semestre. Si bien la brecha cambiaria con el tipo de cambio oficial se mantiene todavía en niveles históricamente bajos —oscilando en torno al 2,3% gracias al ajuste administrado por la autoridad monetaria—, la aceleración nominal de todas las cotizaciones encendió luces amarillas en el tablero de control oficialista, que basaba gran parte de su narrativa de éxito en la convergencia hacia la baja de la cotización libre.

Las dudas del mercado ante la capacidad de acumulación del Banco Central

El corazón de la preocupación empresaria y financiera radica en el cambio de tendencia en el balance diario de la autoridad de la city porteña. Tras un ciclo de fuerte captación de divisas durante los meses de abril y mayo, donde el Banco Central logró sumar más de USD 5.300 millones a las reservas brutas mediante el flujo de la cosecha gruesa, el ritmo de compras netas experimentó un freno pronunciado en las tres primeras semanas de junio, cayendo a poco más de USD 1.100 millones en un contexto de mayores obligaciones de pago por importaciones de energía y vencimientos de deuda soberana.

"El volumen operado en el segmento de contado refleja que hay una demanda latente de cobertura que empieza a presionar sobre la oferta disponible", explicaron desde una de las principales mesas de dinero del Mercado Abierto Electrónico. El equipo económico confía en que el techo de la banda de flotación dispuesto por el Banco Central —fijado normativamente en $1.796— otorga un margen de resguardo del 22% frente a los valores actuales, garantizando que no habrá saltos de devaluación bruscos en el corto plazo; sin embargo, el mercado lee la desaceleración de las compras oficiales como una señal de vulnerabilidad frente a los compromisos del segundo semestre.

La dinámica del consumo interno y la paulatina apertura de posiciones de importación para insumos industriales actúan como fuerzas de tracción que demandan dólares billete que el sistema institucional aún no genera de manera genuina por la vía de la inversión extranjera directa. El mantenimiento del superávit comercial récord es el principal argumento que esgrime Luis Caputo para calmar los temores de los inversores, sosteniendo que la disciplina fiscal innegociable del Tesoro es el reaseguro definitivo contra cualquier corrida cambiaria de magnitudes sistémicas.

La proyección política del frente cambiario con la mira en las urnas

La aceleración del dólar suscita dos preguntas fundamentales en las oficinas de los armadores políticos de La Libertad Avanza. La primera está vinculada a los plazos internos del programa de reformas: un incremento sostenido del tipo de cambio impacta de forma directa en la estructura de costos de los combustibles y las tarifas de servicios públicos, lo que podría abortar el sendero de desinflación mensual y desgastar el poder adquisitivo de los sectores medios, cuyo respaldo sigue siendo el pilar de sustento de la administración libertaria en las encuestas de opinión.

La segunda pregunta, formulada en clave estrictamente electoral, apunta a los riesgos de mediano plazo para el año 2027. La viabilidad del proyecto de permanencia y consolidación institucional del oficialismo nacional depende, en gran medida, de la capacidad de mostrar una economía estabilizada, sin cepo cambiario y con un sendero de crecimiento económico de largo aliento. Si el Gobierno se ve obligado a endurecer las restricciones para defender las escasas reservas de la entidad monetaria, el costo político podría traducirse en un fortalecimiento de las opciones opositoras de cuño tradicional que apuestan a un esquema de concertación productiva diferente.

Por el momento, los despachos oficiales descartan cualquier modificación de la hoja de ruta y ratifican la vigencia del esquema de devaluación administrada, descartando de plano las sugerencias del Fondo Monetario Internacional y de sectores de la ortodoxia económica que reclaman una aceleración del tipo de cambio oficial para mejorar la competitividad externa. Para Javier Milei, la estabilidad nominal de la moneda no es solo una variable técnica de la economía, sino un contrato político con su electorado que no está dispuesto a rescindir bajo ninguna circunstancia de presión de los mercados.




De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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