La capacidad de pago de las familias argentinas atraviesa su momento más crítico en décadas, con un total de 5,3 millones de personas que presentan deudas en situación de mora tardía, lo que equivale a casi tres de cada diez individuos con financiamiento activo en el país.
El reciente informe, que consolida datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el INDEC, revela un deterioro progresivo en la calidad crediticia de los hogares. Con un volumen total de deuda familiar que asciende a los 74,2 billones de pesos —cifra equivalente al 6,5% del Producto Interno Bruto (PIB)—, el fenómeno de la irregularidad en los pagos se ha extendido por 18 meses consecutivos, marcando un récord histórico en la serie estadística nacional que comenzó en 2010.
La brecha entre el sector bancario y las entidades no financieras
La realidad financiera de los usuarios no es homogénea y depende, en gran medida, del tipo de institución con la que operan. El sistema financiero ampliado, que incluye desde bancos tradicionales hasta empresas Fintech, mutuales y casas de electrodomésticos, muestra niveles de morosidad marcadamente diferenciados.
Dentro del sistema bancario tradicional, donde se concentra el 82,4% de la deuda total, la morosidad afecta al 19,2% de los 14,3 millones de usuarios con créditos activos. Sin embargo, la situación se vuelve drásticamente más compleja al analizar otros actores del mercado. Entre quienes operan exclusivamente con plataformas Fintech, el índice de incumplimiento trepa al 28,9%.
El escenario más alarmante, no obstante, se ubica en el segmento de entidades no financieras —que incluye cooperativas, tarjetas de consumo y fideicomisos financieros—, donde el nivel de mora alcanza al 96,4% de los deudores. Este sector concentra a cerca de 1,6 millones de personas que han perdido la capacidad de sostener sus compromisos en términos regulares.
Geografía del endeudamiento: el impacto desigual en el territorio
El mapa de la morosidad en Argentina refleja profundas disparidades regionales. El norte del país registra consistentemente los índices de incumplimiento más elevados, evidenciando una brecha estructural en el acceso y mantenimiento de los servicios financieros.
San Juan encabeza el ranking nacional de irregularidades con una tasa del 36%, seguida muy de cerca por La Rioja, con el 35,3%, y Catamarca, con el 34,8%. En el extremo opuesto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires exhibe el nivel de mora más bajo del país, situándose en el 16,1%.
La situación en la provincia de Buenos Aires también es heterogénea. Mientras que el promedio provincial es del 27,7%, los municipios del conurbano registran cifras alarmantes, como el caso de Florencio Varela, que alcanza un 38,3% de morosos. Según especialistas, estas diferencias están directamente vinculadas con el deterioro de la inserción laboral y la pérdida de ingresos estables en los sectores de menores recursos, que hoy enfrentan una carga financiera proporcionalmente más pesada que los segmentos de mayores ingresos.
Por qué este fenómeno condiciona el futuro del consumo
La expansión de la morosidad no solo afecta a los individuos que ingresan en las listas de deudores, sino que amenaza con frenar el rol del crédito como motor de la actividad económica. "Millones de personas dejarán de ser consideradas sujetos de crédito por un tiempo prolongado, lo que restringirá la posibilidad de expandir el financiamiento al consumo", advierten analistas del sector.
El perfil del deudor hoy es más vulnerable que en periodos anteriores. Mientras que históricamente las deudas grandes se mantenían más controladas, el fenómeno actual muestra que quienes adeudan montos más pequeños son proporcionalmente más morosos. Esta "asfixia financiera cotidiana" se manifiesta en el uso recurrente de refinanciaciones forzadas, el pago del mínimo en tarjetas de crédito y el atraso en cuotas personales.
"Los datos evidencian que los sectores de menores recursos encuentran mayores dificultades para sostener el pago de sus compromisos en un contexto de ingresos limitados y pérdida de empleo", subraya el informe. Con el crédito familiar perdiendo fuerza, la reactivación del consumo interno enfrenta una barrera que, de acuerdo con las proyecciones de consultoras privadas, no cederá en el corto plazo, consolidando un panorama de cautela para el sistema financiero durante lo que resta del año.
📌 De acuerdo con información difundida por fp


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