
La gestión de los activos mediáticos del Gobierno porteño avanza hacia una redefinición drástica, con el empresario Marini liderando las tratativas para adquirir la señal, una maniobra que generó una fractura irreparable en el ecosistema de Blender y pone en duda la continuidad de su actual línea de contenidos.
El mapa de los medios digitales y televisivos en la Argentina atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. En las últimas horas, las negociaciones para que el empresario Marini se convierta en el nuevo dueño del Canal de la Ciudad —la señal pública del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires— escalaron hasta convertirse en un foco de tensión política y corporativa. La noticia, lejos de ser un simple trámite de transferencia de activos, actuó como un detonante en Blender, el canal de streaming que, hasta hoy, mantenía una alianza estratégica y operativa con los grupos que orbitan alrededor de Marini, provocando un sismo interno que amenaza con desmantelar su actual estructura de programación.
La estrategia detrás de la privatización del activo porteño
La señal del Canal de la Ciudad ha sido durante años un activo valioso en términos de alcance y penetración en los hogares porteños, pero su gestión siempre estuvo sujeta a los vaivenes presupuestarios de la administración local. La intención de la Jefatura de Gobierno es clara: aligerar el peso del gasto público en áreas no esenciales y modernizar la gestión de las señales estatales mediante asociaciones público-privadas. Marini, con una red de influencias que se extiende desde el sector financiero hasta el mundo de las comunicaciones, identificó esta oportunidad como el vehículo perfecto para consolidar un multimedios que combine la llegada masiva de la televisión abierta con la agilidad y el perfil joven de las plataformas digitales.
Sin embargo, el proceso de venta no está exento de controversias. Voces dentro de la Legislatura porteña advierten sobre los criterios de tasación del canal y la velocidad con la que se están cerrando los contratos de exclusividad. Para el grupo liderado por Marini, adquirir esta frecuencia implica mucho más que ganar un canal de TV; se trata de obtener una plataforma de difusión gratuita que, conectada con sus otros activos mediáticos, podría cambiar el equilibrio de poder en la opinión pública de la Capital Federal. La sinergia buscada es la de un ecosistema donde la televisión tradicional alimenta a las redes y, a la inversa, los contenidos digitales encuentran una salida masiva en la pantalla lineal.
Blender ante la encrucijada de su modelo de negocio
El impacto de este movimiento en Blender fue inmediato y devastador. Considerado uno de los exponentes más frescos del ecosistema de streaming local, el canal basó su crecimiento en una estética alejada de los convencionalismos de la televisión tradicional. La relación con Marini era, para muchos de sus integrantes, un arma de doble filo: por un lado, garantizaba la inyección de capital necesaria para la competencia en un mercado saturado; por el otro, imponía una agenda editorial que ahora colisiona con el salto a la televisión abierta.
La fractura se hizo evidente en la última reunión de producción, donde diversos conductores y productores expresaron su rechazo a las nuevas directivas que buscarían "televisivizar" el streaming para que sea compatible con la programación que se emitirá por el Canal de la Ciudad una vez que la venta sea oficial. El temor es que la esencia disruptiva de Blender se pierda en la búsqueda de audiencias masivas y comerciales. "No nos sumamos a esto para terminar haciendo un programa de televisión de hace veinte años", fue la frase que retumbó en los pasillos de las oficinas del canal y que marca el inicio de una posible ola de renuncias si las condiciones de trabajo y la línea editorial no se garantizan.
Contexto de un sector en permanente reconfiguración
La crisis en Blender se enmarca en un contexto más amplio de crisis y reordenamiento de los medios en la Argentina. La caída sostenida de la inversión publicitaria en los formatos tradicionales ha forzado a los empresarios del sector a buscar modelos de negocios híbridos. El caso del Canal de la Ciudad es paradigmático: se trata de un medio que, a pesar de contar con presupuesto estatal, no ha logrado captar la atención de las nuevas generaciones, un segmento que hoy es dominado por el streaming. Marini, al intentar unir ambos mundos, intenta resolver el rompecabezas de la rentabilidad en la era de la convergencia digital.
El mercado observa con atención este movimiento. Si la apuesta de Marini logra integrarse con éxito, podría marcar el fin de la era de los "medios puros" —los que solo hacen TV o solo hacen streaming— para dar paso a grandes plataformas de contenido integral. No obstante, el costo político y humano de este "terremoto" en Blender podría ser más alto de lo previsto. La retención del talento frente a cambios de mando es un desafío constante en la industria mediática, y cuando la visión del dueño choca con la de quienes crean el contenido, el riesgo de fragmentación es total.
El futuro de los contenidos: ¿Televisión o streaming?
El choque de visiones entre la cúpula empresarial y los creativos pone sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿es el streaming una herramienta de nicho o una etapa preparatoria para llegar a la televisión? La decisión de Marini de forzar esta transición sugiere que él ve a Blender como una incubadora de formatos que ahora deben ser escalados. Los talentos de Blender, en cambio, perciben que su valor reside precisamente en aquello que la televisión abierta rechaza: la informalidad, el error en vivo, el lenguaje sin filtros y la interacción desestructurada con el chat.
La incertidumbre es total. Mientras se espera la confirmación oficial del traspaso del canal, las figuras más reconocidas de Blender mantienen un perfil bajo, esperando que las cláusulas de sus contratos sean respetadas o, en su defecto, negociando salidas que no impliquen la pérdida total de su capital de marca. Marini, por su parte, se mantiene firme en su estrategia, convencido de que en la televisión argentina de 2026, el que no se adapta, desaparece. La historia de Blender está, en este momento, en un punto de quiebre donde la ambición corporativa y la libertad creativa chocan de frente, dejando una marca indeleble en la forma en que se producirá contenido en el futuro inmediato.
De acuerdo con información difundida por: LETRA P

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