Finalizó la protesta de siete días de ayuno contra el Gobierno frente a Casa Rosada

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Organizaciones sociales, sindicales y referentes de la Mesa Ecuménica concluyeron este martes una jornada de protesta de una semana frente a la Casa de Gobierno para denunciar la política económica, bajo una consigna crítica que vinculó la situación social con la gestión actual.

Tras siete días de ayuno y oración a la intemperie, que incluyeron noches a resguardo bajo el pórtico de la Catedral Metropolitana, el grupo de manifestantes finalizó este martes al mediodía la medida de fuerza que mantuvo presencia constante en la Plaza de Mayo. La iniciativa, denominada "Jornada de ayuno y oración para despertar las conciencias", buscó visibilizar el rechazo a las políticas de ajuste y a la Reforma Laboral impulsada por la administración de Javier Milei.

El acto de cierre, que coincidió con una movilización de las dos centrales de trabajadores (CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma), dejó una imagen central frente a las vallas que cercan la pirámide de la plaza: una pancarta con la consigna "La libertad con hambre es una flor encima de un cadáver". La frase, cargada de una fuerte impronta simbólica, sintetizó el eje central del reclamo de los organizadores frente al lema de gestión del oficialismo.

El rol de la Mesa Ecuménica y los referentes sociales

La protesta no fue una movilización convencional, sino que estuvo marcada por un fuerte componente religioso y de derechos humanos. La Mesa Ecuménica, conformada por una amalgama de sacerdotes y pastores, fue la columna vertebral del ayuno. Entre sus integrantes se destacó el padre Francisco "Paco" Olveira, referente de los barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), quien definió la medida como una "huelga de hambre" necesaria para denunciar lo que calificó como la "crueldad" del Gobierno.

Junto a los religiosos, el ayuno contó con la presencia constante de dirigentes sociales, entre ellos Esteban "Gringo" Castro, y del premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Desde el inicio de la acción el pasado 2 de junio, Pérez Esquivel había marcado el tono del reclamo al señalar que la sociedad argentina se encuentra en un "estado de indefensión total" y convocar a lo que denominó una "rebeldía de conciencia", evitando explícitamente el llamado a la violencia.

La dinámica del ayuno fue austera: durante el día, los participantes permanecían frente a la Casa Rosada y, al caer la noche, se trasladaban al ingreso de la Catedral, donde compartían mates, té y oraciones bajo condiciones climáticas rigurosas. La apuesta de los organizadores fue sostener una presencia física ininterrumpida que, según sus declaraciones, buscó "resistir la naturalización de la injusticia".

Un reclamo en el epicentro político nacional

La protesta concluyó en un martes con alta tensión en el centro porteño. Mientras los ayunantes cerraban su ciclo, las columnas de la CTA marcharon desde su sede en Piedras y Avenida de Mayo hacia la plaza, confluyendo en una manifestación que combinó la crítica por la situación socioeconómica con el rechazo explícito a la Reforma Laboral que se debate en el ámbito legislativo.

A pesar de la visibilidad de la convocatoria, la postura del Gobierno nacional fue de absoluto silencio y omisión. Durante toda la semana, la administración de Javier Milei evitó hacer mención pública a la medida o establecer canales de diálogo con los referentes eclesiásticos y sociales. Esta falta de respuesta fue leída por los manifestantes como una confirmación del escenario de "indefensión" que venían denunciando desde el inicio de la jornada.

La magnitud del malestar social se ve respaldada, además, por datos externos que circulan en el debate público. Recientemente, informes de organismos internacionales como UNICEF han señalado que cuatro de cada diez niñas, niños y adolescentes en Argentina viven en situación de pobreza, un indicador que alimenta la base de las críticas realizadas por las organizaciones que participaron de la jornada de ayuno.

Este tipo de protestas simbólicas, que combinan actores sindicales tradicionales con sectores religiosos y de derechos humanos, exponen una nueva estrategia de las organizaciones sociales para intentar quebrar la agenda oficialista y volver a instalar la crisis alimentaria y la pérdida de poder adquisitivo en el centro del debate público, incluso ante un escenario de nula respuesta gubernamental.



De acuerdo con información difundida por : elDiarioAR.com

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