
Iglesia, IA y poder El empresario de Silicon Valley asentado en Buenos Aires invitó al dirigente social a su residencia de Barrio Parque. El motivo fue una conversación sobre la primera encíclica de León XIV y los límites éticos de la revolución tecnológica. Juan Grabois y Peter Thiel.
10 de junio de 2026 06:26 h 0 ¿Por qué Peter Thiel quiso escuchar a Juan Grabois? ¿Qué puede encontrar uno de los empresarios tecnológicos más influyentes del planeta en la mirada de un dirigente social argentino? ¿A quién representó exactamente Grabois cuando se sentó frente al fundador de Palantir: a un opositor de Javier Milei, a un referente de la economía popular o a uno de los intérpretes más visibles en la Argentina del pensamiento social que impulsó el papa Francisco y que León XIV acaba de actualizar para la era de la inteligencia artificial?
Las fichas argentinas en el ajedrez de Peter Thiel: quién es quién en el tablero local del tecnomagnate de Palantir La existencia del encuentro fue revelada originalmente por Juan Luis González en la revista Noticias. Lo que hasta ahora no había trascendido era quién había impulsado la reunión y cuál había sido su principal motivo. Según pudo reconstruir elDiarioAR, no fue Grabois quien buscó a Thiel sino exactamente al revés.
El propio magnate estadounidense tomó la iniciativa y se contactó con el dirigente social a través de Instagram para invitarlo a su residencia de Barrio Parque. El miércoles de la semana pasada, a las 9. 10 de la mañana, el referente de Patria Sustancial cruzó las puertas de la propiedad.
Y el eje central de la conversación estuvo lejos de la coyuntura política argentina: Thiel quería hablar sobre Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV. La casa que compró Peter Thiel tiene 1600 m2 y seis dormitorios. La reunión —en la que también hubo referencias a otros temas que hoy ocupan al empresario en la Argentina, entre ellos la ley de sociedades automatizadas y sin empleados que impulsa Federico Sturzenegger— tampoco ocurrió en cualquier contexto.
Desde hace semanas, Thiel desarrolla una intensa agenda de contactos en Buenos Aires. El fundador de Palantir ya no es un visitante ocasional. Compró una casona en uno de los barrios porteños más exclusivos, instaló a su familia en la ciudad y viene desplegando una red de vínculos que incluye a funcionarios, empresarios y referentes del ecosistema tecnológico local.
El 23 de abril visitó la Casa Rosada para reunirse con Javier Milei, en un encuentro que el Presidente definió después como “maravilloso”. Antes de llegar a Balcarce 50 había mantenido una conversación reservada con Santiago Caputo en la sede de la Fundación Faro, ubicada a pocas cuadras de la sede de Gobierno. El objetivo excede largamente la política argentina: el país aparece en el radar de Thiel como un laboratorio donde confluyen energía barata con recursos naturales, además de combinar infraestructura para centros de datos y una administración particularmente receptiva a sus ideas.
El 23 de abril, Milei recibió a Peter Thiel en la Casa Rosada. En ese tablero, sin embargo, Grabois parece una pieza extraña. A diferencia de la mayoría de los interlocutores que frecuenta Thiel, no pertenece al ámbito global de los negocios ni ocupa cargos en el Gobierno.
Tampoco forma parte del ecosistema libertario que rodea a Milei. Su valor para el empresario parece residir en otro lugar. Más precisamente, en su capacidad para interpretar una de las novedades intelectuales más relevantes surgidas del Vaticano desde la muerte de Francisco: la decisión de León XIV de intervenir directamente en el debate global sobre la inteligencia artificial.
Aunque ya no integra formalmente la estructura de la Santa Sede, Grabois conserva vínculos y credenciales poco habituales para un dirigente político argentino. Su mandato como miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral finalizó en 2025, poniendo fin a una etapa de casi una década de relación institucional con el Vaticano. Había comenzado en 2016 como consultor del entonces Pontificio Consejo de Justicia y Paz y, cinco años más tarde, en 2021, fue incorporado oficialmente por Francisco al organismo encargado de promover la doctrina social de la Iglesia en temas vinculados al trabajo, la pobreza, las migraciones y el desarrollo humano.
El Papa Francisco en su residencia de Santa Marta junto a Grabois. Detrás, el dirigente social Emilio Pérsico. NA Cara a cara La escena reunía a dos figuras que, a primera vista, parecen habitar universos incompatibles.
De un lado estaba uno de los hombres que más contribuyó a moldear el capitalismo tecnológico contemporáneo: inversor temprano de PayPal y Facebook, aliado político de Donald Trump y fundador de Palantir, una compañía especializada en análisis masivo de datos y sistemas de vigilancia utilizados por gobiernos, agencias de inteligencia y fuerzas armadas de buena parte de Occidente. Del otro, uno de los dirigentes políticos argentinos más identificados con la doctrina social de la Iglesia, heredero político del vínculo construido durante años con Francisco y atento lector de la nueva agenda que León XIV intenta imprimirle al Vaticano. La elección del interlocutor difícilmente haya sido casual.
Apenas diez días antes, el 25 de mayo, Grabois había publicado en su canal de YouTube una extensa reflexión sobre Magnifica Humanitas en la que interpretó la encíclica como una respuesta de la Iglesia a la nueva revolución tecnológica. Según su lectura, el sumo pontífice intenta desarrollar frente a las “cosas nuevas” del siglo XXI del mismo modo en que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial con la Rerum Novarum de 1891. El dirigente organizó su análisis alrededor de varias claves simbólicas.
Una de ellas, explicó, es que Magnifica Humanitas remite al Magnificat y a una idea central del cristianismo: la necesidad de poner límites a quienes concentran poder y devolver protagonismo a los humildes.
De acuerdo con información difundida por : elDiarioAR.com

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