La jefa del bloque oficialista en el Senado busca recuperar el control de la agenda legislativa tras el desplante a Milei, mientras el pliego del juez Víctor Pesino expone tanto la fragilidad de los apoyos libertarios como su propia estrategia de diferenciación constante dentro del Gobierno.
En un clima de creciente tensión política y fuertes cruces en los pasillos de la Cámara alta, el Senado de la Nación se convirtió esta semana en el escenario donde se dirime la supervivencia legislativa de La Libertad Avanza (LLA). La protagonista central, Patricia Bullrich, intenta reordenar las piezas de un bloque fragmentado y desgastado por las internas, mientras busca equilibrar su lealtad formal al Ejecutivo con una postura pública que, cada vez con mayor frecuencia, marca distancia del pensamiento de Javier Milei.
El epicentro de la controversia fue la reunión de la Comisión de Acuerdos, donde el juez Víctor Pesino, responsable de fallos clave contra la reforma laboral y la intervención de la UOM, debió enfrentar los cuestionamientos de la oposición. El senador kirchnerista Mariano Recalde abrió el fuego con una interpelación directa sobre la integridad del magistrado, llegando a calificar a Pesino y a su colega de causa como "Bonnie y Clyde".
Sin embargo, lejos de quedar en una posición de debilidad, Pesino encontró en Bullrich a su principal escudera. La senadora libertaria no solo defendió la continuidad del juez, sino que capitalizó el momento para endurecer su discurso contra los gremios, en una sobreactuación de oficialismo que buscaba borrar la mala imagen dejada tras la crisis institucional de la semana pasada, cuando desautorizó al Presidente al rechazar el pliego de Verónica Michelli.
El doble juego como estrategia política
La dinámica de Bullrich en el Congreso evidencia una dualidad que comienza a irritar a los niveles más altos del Poder Ejecutivo. Mientras públicamente garantiza el apoyo de la bancada oficialista para asegurar la continuidad de Pesino por cinco años más, en los pasillos mantiene conversaciones reservadas con sectores opositores.
Tras una intervención tajante en la comisión en la que calificó al gremio metalúrgico de "corrupto", la senadora fue vista minutos después en un diálogo privado con Abel Furlán, titular desplazado de la UOM. Este comportamiento refuerza las sospechas de Karina Milei y la mesa chica del Gobierno, quienes observan con desconfianza cómo la jefa de bloque intenta construir un perfil propio, ajeno a las directrices que emanan desde la Casa Rosada.
Esta situación le ha significado a Bullrich un creciente aislamiento en la toma de decisiones. Fuentes cercanas al oficialismo confirmaron que, pese a su rol protagónico, su participación en la mesa política del Gobierno se encuentra en un limbo: a días de una reunión crucial, la senadora aún aguarda una invitación que, según los rumores internos, podría llegar recién a último momento o no producirse, como señal de castigo por sus recientes cortocircuitos con la cúpula libertaria.
Agenda parlamentaria y el desafío de la ley de tierras
Más allá de las internas, la urgencia de Bullrich es poner en marcha el motor legislativo antes de que la parálisis afecte irreversiblemente la gestión del Ejecutivo. Con la mira puesta en la sesión de la próxima semana, la jefa del bloque trabaja a contrarreloj para rescatar proyectos clave como la Ley de Salud Mental y el nuevo régimen de zonas frías.
Uno de los puntos críticos que deberá resolver es la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsada por Federico Sturzenegger. El proyecto, que fue retirado del debate la semana pasada tras el caos institucional, debe enfrentar ahora una nueva etapa de negociaciones. Los aliados, fundamentales para el quórum y la aprobación, exigen modificaciones sustanciales en el capítulo referido a la venta de tierras a extranjeros.
La postura de los senadores aliados es clara: reclaman que en las zonas de frontera se establezca un control restrictivo. Proponen un mecanismo de "doble conforme" que requiera la aprobación tanto de las provincias involucradas como del gobierno nacional, bajo el argumento de que la soberanía y la seguridad nacional deben prevalecer sobre cualquier desregulación económica.
El escenario para la semana entrante se presenta complejo. La presidencia de la Comisión de Acuerdos, a cargo de Juan Carlos Pagotto, mantiene bajo llave la firma de los dictámenes, administrando los tiempos para evitar nuevas filtraciones que pongan en peligro la estrategia oficialista. La capacidad de Bullrich para armonizar estos intereses contrapuestos —y para aplacar el malestar que ella misma genera en la Casa Rosada— será determinante para evitar que el Senado se transforme en el talón de Aquiles de la gestión libertaria.

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