La caída del consumo y el aumento del desempleo transformaron el escenario del delivery en Rosario, donde ya operan cerca de 9.000 trabajadores. La saturación de la oferta, sumada a la baja demanda, obliga a los repartidores a extender sus jornadas laborales para cubrir ingresos básicos.
Desequilibrio entre oferta y demanda
El mercado de plataformas de envíos en Rosario atraviesa un momento crítico por la combinación de dos factores económicos: la recesión y la precarización laboral. Mientras el volumen de pedidos cae por la pérdida de poder adquisitivo de los usuarios, el número de personas que se vuelcan a las aplicaciones como salida laboral inmediata no deja de crecer.
Actualmente, se estima que un repartidor debe completar más de 450 envíos mensuales para obtener una rentabilidad aceptable. Con un valor promedio por viaje que ronda los $3.000, la ecuación obliga a muchos a permanecer en la vía pública durante turnos que superan las 12 horas diarias.
El auge del pluriempleo y la falta de registro
La actividad dejó de ser, en muchos casos, una fuente de ingresos principal para convertirse en un complemento de supervivencia. "Hay trabajadores formales que necesitan un segundo o tercer empleo para llegar a fin de mes", explicó Nicolás Cáceres, referente del sector, al describir cómo el reparto absorbe a empleados de otros rubros durante sus horas de descanso.
Esta situación se ve agravada por la falta de un marco regulatorio claro. Desde el sindicato que nuclea a los trabajadores del sector impulsan un proyecto de ley provincial para crear un registro oficial en el Ministerio de Trabajo. El objetivo es identificar a los 9.000 prestadores actuales, ordenar la actividad y establecer controles que hoy son inexistentes.
Jornadas extensas y precariedad
La dinámica de "dos pedidos por hora" que promedian los trabajadores actuales refleja la dificultad de alcanzar metas económicas en un mercado atomizado. La falta de control estatal permite que las plataformas operen sin límites de ingreso de nuevos repartidores, lo que licúa las ganancias de quienes ya estaban en el sistema.
"Vemos compañeros trabajando 12, 13, 14 o hasta 15 horas por día, en la vía pública, arriba de un vehículo", advierten desde el gremio. Esta sobreexposición no solo impacta en la salud física de los trabajadores, sino que aumenta los riesgos viales en una ciudad con un flujo de motocicletas y bicicletas en crecimiento constante.


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