En una escalada de tensión que mantiene en vilo a la comunidad internacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este sábado que su administración está "lista para ayudar" a los manifestantes en Irán. Tras 14 días de movilizaciones ininterrumpidas que desafían la estructura del régimen teocrático, el mandatario utilizó su red social, Truth Social, para enviar un mensaje contundente: “Irán está mirando hacia la LIBERTAD, quizá como nunca antes. ¡¡¡Estados Unidos está listo para ayudar!!!”.
Un país a oscuras y bajo amenaza de muerte
La situación en suelo persa es crítica. Según la organización NetBlocks, el país atraviesa un apagón de internet de más de 36 horas, una medida que busca asfixiar la comunicación de los manifestantes con el exterior. En este contexto de aislamiento, el fiscal general de Irán, Mohammad Movahedi Azad, lanzó una advertencia escalofriante al declarar que cualquier participante o colaborador de las protestas será considerado "enemigo de Dios" (moharebeh), un cargo que en la legislación islámica se castiga con la pena de muerte.
“El régimen iraní ha cortado las herramientas de comunicación internas y bloqueado todos los medios de contacto con el exterior”, denunciaron los cineastas disidentes Mohamad Rasulof y Jafar Panahi. Según los artistas, el objetivo del apagón es ocultar la magnitud de la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad en las calles.
El asesinato de un campeón mundial enciende la indignación
La represión ya tiene rostros que se transforman en símbolos de resistencia. Uno de ellos es el de Masoud Zatparvar, un reconocido campeón mundial de culturismo de 39 años, quien fue asesinado a tiros en la ciudad de Rasht. Zatparvar, quien también era un próspero empresario local, se había manifestado activamente en redes sociales antes de morir: “Hoy salgo a la calle. No tengo miedo ni preocupaciones. Quiero mi derecho”, fueron sus últimas palabras.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA) estima que la cifra de víctimas fatales asciende al menos a 65 personas, mientras que las detenciones superan las 2.300. Pese a esto, las movilizaciones no dan tregua y se han extendido a las 31 provincias del país, unificando a sectores que antes se mantenían al margen, como la clase media y las mujeres de mediana edad.
El tablero internacional: advertencias y apoyo explícito
Mientras el régimen de Ali Khamenei califica a los manifestantes de "vándalos" y responsabiliza a Washington de fomentar el caos, la presión externa aumenta:
Estados Unidos: El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la postura de la Casa Blanca al afirmar que “Estados Unidos apoya al valiente pueblo de Irán”. Trump, por su parte, ya había advertido que su país podría ordenar ataques militares si la represión letal no cesa.
Unión Europea: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, expresó su "pleno respaldo" a los reclamos de libertad y exigió el fin inmediato de la violencia.
La Diáspora: En Londres, un manifestante logró escalar la fachada de la embajada iraní para retirar la bandera del régimen y reemplazarla por la versión del "León y el Sol", símbolo anterior a la Revolución de 1979.
¿Hacia un punto de no retorno?
El destino de la República Islámica parece pender de un hilo. El exiliado Reza Pahlavi, hijo del último sah, instó a los ciudadanos a “tomar y mantener los centros urbanos”, asegurando que el movimiento actual busca un control efectivo del territorio y no solo una expresión de descontento.
Con las principales aerolíneas —como Qatar Airways, Emirates y Lufthansa— cancelando vuelos hacia Teherán, Irán queda cada vez más solo. La comunidad internacional observa con temor si el régimen optará por una "masacre bajo la cobertura del apagón", como advirtió la Nobel de la Paz Shirin Ebadi, o si la presión social y externa logrará una grieta definitiva en el poder de los ayatolás.



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