Contra todo pronóstico apocalíptico sobre el fin de la globalización, los datos duros revelan una realidad más compleja y esperanzadora: el intercambio mundial no está colapsando, sino reorganizándose. Un reciente análisis de Boston Consulting Group (BCG) confirma que, pese a la fragmentación geopolítica y las guerras comerciales, el volumen del comercio global mantendrá su senda de crecimiento, aunque bajo nuevas reglas del juego.
Un mosaico de relaciones, no un bloque único
La vieja premisa de un mercado global regido por un único conjunto de normas está dando paso a lo que los expertos definen como un "mosaico de relaciones". Alfonso Astudillo, Managing Director y socio de BCG, lo explica con claridad: el futuro no pertenece al aislamiento, sino a la adaptación estratégica. "El comercio global no está disminuyendo, se está reorganizando", sentencia el analista.
Esta reconfiguración implica que los flujos comerciales dejarán de seguir ciegamente la lógica de la eficiencia de costos para incorporar variables de seguridad nacional y afinidad política. Las empresas que entiendan este cambio de paradigma —integrando la geopolítica en sus decisiones de inversión— serán las que lideren la próxima década.
Ganadores y perdedores de la nueva era
El informe arroja proyecciones específicas que dibujan el nuevo mapa del poder económico:
- El eje EE.UU.-China se enfría: Se prevé que el comercio bilateral entre las dos superpotencias caiga un 4,5%, consolidando una tendencia de desacople que ya lleva años en marcha.
- Los "Plurilateralistas" al frente: Un grupo diverso de economías avanzadas y emergentes, comprometidas con el comercio basado en reglas, registrará un crecimiento superior al promedio. Este bloque dinámico será el motor que impulse el intercambio con el Sur Global hasta 2034.
- BRICS+ (sin China): Su crecimiento proyectado es más modesto, cercano al 1,5% anual, similar al desempeño comercial de Estados Unidos con el bloque plurilateral.
La estrategia de la resiliencia
Para el sector privado, el mensaje es urgente: la inacción no es una opción. La fragmentación no implica necesariamente una barrera insalvable, sino un punto de inflexión estratégico. Aquellas compañías que logren diversificar sus cadenas de suministro y anticiparse a las barreras arancelarias no solo sobrevivirán, sino que encontrarán ventajas competitivas en mercados donde otros ven riesgo.
En definitiva, la globalización no ha muerto; simplemente ha dejado de ser plana para volverse más rugosa, compleja y exigente.

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